SOROCABANA: UN NOMBRE QUE NOS DUELE

 

TRES HISTORIAS CAFETERAS

 

A principios de 1940 irrumpió en el Río de la Plata con una fuerza avasallante, el modelo de cafeterías de las barras paulistas que hacía mucho tiempo se habían establecido en Brasil. Café brasileño, servido al paso, económico y rápido, se ajustaba como anillo al dedo a nuestra pasión cafetera.

Había entonces tres ciudades muy diferentes y muy parecidas, que por esas raras coincidencias de la historia de la gastronomía abrieron casi al mismo tiempo tres cafés con el mismo nombre, seguramente porque utilizaban el mismo café. Las tres estaban destinadas a formar parte de la historia de esas ciudades. Las tres sufrieron el embate de la crisis de los noventa y de las posteriores. Las tres se llenaron de poetas, intelectuales, políticos, y del pueblo de esas ciudades, ya que el modelo permitía que cualquiera pudiese darse el lujo de tomarse un cafecito. De las tres, a pesar de haber estado cerradas, y de múltiples avatares, dos siguen siendo paso obligado de cualquier visitante. Una desapareció…¿para siempre?

Las ciudades eran Rosario, Córdoba y Montevideo. El nombre: SOROCABANA

 

 

 

EL SOROCABANA DE PLAZA CANGACHA, MONTEVIDEO

 

 

Cuando el poeta Líber Falco llegaba al Sorocabana, luego de trabajar en una panadería de Villa Muñoz, siempre elegía esa mesa de refugiados españoles. El Soro, como habían empezado a llamarlo, fue inaugurado en la Plaza de Cagancha en 1939. La novedad del café brasilero servido al paso, rápido y económico había pegado fuerte en las céntricas costumbres montevideanas. Había empezado el año 1940 y si querías tomar un buen café y disfrutar de buenas charlas, la opción estaba en sus larguísimos mostradores. Por ese año se completó su decoración de coqueto «art decó» con mesitas de mármol y las clásicas butaquitas semicirculares. Su éxito fue tal que al poco tiempo llegó a tener cinco sucursales en la capital y en cada departamento del Interior abrieron una sucursal cafetera. Cuenta la leyenda que cuando Uruguay festejó el Campeonato del Mundo del 50, el Sorocabana llegó a vender esa tarde y noche más de 20 mil pocillos a la multitud que inundó sus instalaciones y toda la Plaza Cagancha. En una de sus mesitas de mármol, en el entrepiso, Mario Benedetti escribió “La Tregua”.

 

 

EL SOROCABANA CORDOBÉS

 

 

El Sorocabana es uno de los bares más tradicionales de Córdoba por su impronta e historia. Abrió sus puertas en 1956, en la locación que antes ocupaba la droguería y farmacia Del Inca. Donde antes recibían recetas médicas, hoy sirven los mejores cafés con medialunas y con una vista panorámica del centro de la ciudad. Este lugar se encuentra abierto las 24 horas, y desde 2010 transita ya la tercera generación de gerentes. Este lugar fue la trinchera del poeta cordobés más reconocido de todos los tiempos: Daniel Salzano. La estrecha relación entre el flamante escritor y este punto geográfico le atribuyó al café una fama ineludible. Con el paso del tiempo, el Sorocabana se convirtió en un enclave turístico y un punto obligatorio de visita por parte de cualquier viajero. La relación entre el poeta y el bar fue la clave del éxito. Fue lo que hizo que este lugar se mantuviera erigido y con actividad incluso con el paso del tiempo y las crisis económicas más difíciles del país. Por eso, en homenaje al poeta, tras su muerte, ocurrida el 24 de diciembre de 2014, se instaló una escultura.

 

 

A mí lo que más me gusta es el corazón cuando se pone a dar órdenes por la calle San Jerónimo

¡Andá al Sorocabana a tomar un cafecito!

 ¡Sentate del lado de la ventana!

 ¡Mirá a la gente!

 ¡Golpeá el vidrio con la punta de los dedos!(…)

Daniel Salzano

 

EL CAFÉ SOROCABANA DE ROSARIO

 

 

El bar Sorocabana de calle Córdoba al 1000, nacido en 1940, que brilló durante décadas al lado del Banco Nación, era una parada obligada para los rosarinos en una jornada laboral o de trámites intensa. Antes o después de hacer cola en el banco siempre había espacio para un café reparador que atemperaba los fastidios de la burocracia.

 

 

Con pocas mesas y un gran mostrador circular, el Sorocabana funcionó durante 77 años y se convirtió en un punto de referencia del centro de la ciudad.

 

 

Este café al paso estaba ubicado en calle Córdoba al lado del Banco Nación, fue durante años una referencia en el centro rosarino, donde aún perdura su cartel. Si bien contaba con algunas pocas mesas, se bebía el café de parado apoyado en un mostrador circular ubicado en el centro del local. En el interior de dicho círculo estaban las máquinas y los empleados que servían,  todo impregnado de un peculiar aroma dado por la permanente preparación de tal infusión para satisfacer la constante demanda de un público siempre renovado, por lo menos en las horas comerciales de los días hábiles.

 

ROZARIAZO 1969

 

Desde sus ventanales vio transcurrir tres cuartos de siglo de la historia rosarina. Nació en una calle que poco a poco se fue transformando. Primero en peatonal de noche.

 

HUBO UN DÍA QUE FUE HERMOSO PARA LOS ROSARINOS Y QUEDÓ PARA SIEMPRE EN LA MEMORIA COLECTIVA DE LA CIUDAD. A MEDIA MAÑANA DEL 16 DE JULIO DE 1973 COMENZÓ A NEVAR, AL MEDIO DÍA LA NIEVE QUE CAÍA CON MÁS INTENSIDAD ERA PARTE DEL REGOCIJO GENERAL DE LA POBLACIÓN QUE SIN IMPORTARLE EL FRÍO SALIÓ A LA CALLE A DISFRUTAR DE LOS INUSUALES COPOS BLANCOS, Y DURÓ HASTA PRIMERA HORA DE LA TARDE. LAS FOTOS FAMILIARES DAN CUENTA DEL INUSUAL FENÓMENO METEOROLÓGICO Y DEL CONSIGUIENTE ESTADO DE ASOMBRADA ALEGRÍA QUE ESTE PROVOCÓ. COMO ESTA IMAGEN TOMADA EN EL PASAJE JORGE RAÚL RODRÍGUEZ (ACTUAL GUIDO) AL 1000 DE BARRIO AZCUÉNAGA.
COLECCIÓN RICHI BIFARELLO

 

Más tarde en “de circulación peatonal” y finalmente en Peatonal con baldosas. En 1969 fue testigo del histórico Rosariazo en el que multitudes acudieron a repudiar a la dictadura de aquel entonces. Y en 1973 vio como la nieve caía sobre la ciudad por última vez hasta nuestros días.

 

CÓRDOBA PEATONAL

En los años sangrientos de la Dictadura Militar de 1976, su larga barra se transformó en un lugar de reuniones de inteligencia y contrainteligencia. Espías, servicios de las Fuerzas de Seguridad, luchadores de los derechos humanos, militantes de los disueltos partidos políticos, aprovechaban el anonimato que proporcionaba una barra interminable en la que claramente se podía pasar por un desconocido al lado de cualquiera. Y allí se intercambiaban recados, informaciones, datos, denuncias, pedidos de hábeas corpus, sin que se notara demasiado.

 

 

Una vez un anciano gay me contó que el baño del “Sorocabana” fue además en aquellos años de manifiesta homofobia, uno de los lugares de citas y encuentros más seguros para la comunidad gay rosarina, información que pude corroborar en una publicación de Fernando Cesaretti.

 

 

A lo que no pudo sobrevivir es a la particular desidia que tenemos los rosarinos para conservar nuestro patrimonio cultural intangible. Y a diferencia de sus homóninos uruguayos y cordobeses, cerró sus puertas. Eso sí, el Honorable Concejo Municipal permitió que no derrumben su cartel.

 

SOROCABANA HOY

 

El cartel, testigo silencioso, vio instalarse allí, una juguetería, un quiosco y un local de venta de teléfonos celulares. Pero él sigue allí, enhiesto, orgulloso, insobornable, cuidando la memoria de un tiempo añorado, de pocillos y charlas al paso, sin tiempo.

Todavía cuelga con sus letras verticales enormes, que se mezclan con el cielo.

 

 

 CAMINO AL SOROCABANA

 

Un cuento de Rubens Bonifacio *

 

 

Sin embargo, su malestar crecía pensando que no habría manera de sincerarse con su mujer, explicarle que no podía jugar el producto de toda una vida a una sola carta y en un solo y mise­rable instante, a pesar de los otros, porque ella, desde luego, se sentiría tan poca cosa viendo sus palabras caer en el vacío, y seguro que al despedirse, a eso de las once y pico, lo besaría sin ganas, con cierta reserva que él rumiará con amargura, acodado en la ventanilla del tranvía, mirando pasar un enjambre de motonetas rapidísimas. Caminaría cinco cuadras a pasos regulares y sin apuro y podría descubrir la prisa en los rostros de la gente bajo el mediodía. Las vidrieras de la calle Córdoba —repletas de objetos multicolores— le producirían las sensaciones caóticas e indescriptibles que a veces lo anonadaban; un cafecito en el Sorocabana, apuntalaría las férreas estructuras de la rutina. Al salir, serían las doce menos cinco en el reloj del Trust y entonces le acosarían su imaginación los gru­pos de empleados que aguardaban en cada esquina, inquietos e inquietantes, arrebatados de su pauta cotidiana para decirles que no a muchas cosas.

** El escritor y a la vez dirigente sindical Rubens Bonifacio cuenta las tribulaciones de un empleado que duda en plegarse a la histórica  huelga bancaria de 1959, temiendo tanto el juicio de sus compañeros como el de su mujer.

Fuente: extraído de la revista Rosario Ilustrada  Guía literaria de la ciudad. Año 2004.  Editorial Municipal de Rosario.

 

LA PEATONAL HOY

 

Emilio R. Moya

 

Fuentes: rosarioysuzona.blogspot.com, rosarionuestro.com, conlagentenoticias.com

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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