BARES MITOLÓGICOS ARGENTINOS

EL CAIRO DE ROSARIO

 

“El Cairo” atraviesa nuestras vidas como el “Café Tortoni” la de los habitantes de Buenos Aires. Los dos, probablemente, los más emblemáticos y reconocidos a nivel mundial de la Argentina. Ningún visitante deja la ciudad sin pasar por sus mesas. Y eso se lo debemos al inmortal, universal y amado “Negro” Fontanarrosa. Ningún rosarino tampoco. Los más viejos conocimos el antiguo Cairo, el que se cerró y luego se incendió. Recordamos a sus viejos mozos como Moreyra o Chiche. Los más jóvenes conocen el que resurgió de las cenizas y hoy resplandece como siempre.

 

 

Todos, los jóvenes y los viejos, lloramos juntos la semana pasada la desaparición física de Dany, ese ángel de sonrisa perpetua que nos atendía y al que el COVID se llevó a las 44 años. Como lloramos la muerte del Negro Fontanarrosa.

Ese genio que podíamos ver cada día sentado a cuatro metros de nuestra mesa mientras alegraba al mundo con sus historietas y sus relatos. Aquel que cada año nos traía a Serrat a la ciudad.

 

 

Al que Oscar retrató para sus libros y gracias a él un día lo acompañé y lo conocí en su estudio en Alberdi.  La última vez que cociné para Joan Manuel, fue precisamente en la casa de Tini, su primera esposa y mamá de Franco su único hijo, ya fallecido el Negro. Estaban de gira con Sabina y fuimos a cocinarle a su casa para recibirlos junto al entonces gobernador Hermes Binner. Me acompañó mi socio y amigo el Pipi Monserrat y fue un almuerzo hermoso, donde lo recordaron con todo el amor que se merecía.

 

UN BAR CON HISTORIA

 

 

Inaugurado en 1943 en la planta baja de una casona, famoso por sus reuniones de artistas e intelectuales locales, nacionales e internacionales. Inmortalizado por el escritor rosarino Roberto Fontanarrosa en su libro “La mesa de los galanes” abrió su esquina en Sarmiento y Santa Fe, luego de que un voraz incendio hiciera peligrar el proyecto de reconstrucción allá por Mayo del 2004.

 

 

Leyenda urbana por donde se lo mire, comenzó como un típico café, con mesas de billar, donde los hombres de la ciudad se juntaban para hablar de fútbol, política y mujeres. En la década del 70, tras ser remodelado, se convierte en un lugar donde un público de jóvenes intelectuales hacían del bar un punto de encuentro fundamental.

 

 

Por aquella época el auge se hizo los sábados al mediodía, día en que los jóvenes acudían en forma permanente, Fontanarrosa lo recordaba como “…un club, donde uno iba encontrarse con gente amiga. Muchos de los motivos de mis cuentos y muchos de los personajes ficticios que aparecen en mis libros están inspirados en las charlas que se daban con los muchachos en la mesa del bar”. Una de las visitas más recordadas del lugar fue la de Joan Manuel Serrat, quien fuera acompañado una tarde por el negro Fontanarrosa. Por aquellos años el bar exhibió en una de sus columnas la foto que recuerda aquel encuentro, el 31 de diciembre de 2002. Cuando decide cerrar, la foto desaparece misteriosamente. El 3 de Mayo de 2004, un incendio hizo peligrar la reapertura del bar.

 

 

Gracias a un intenso trabajo de reconstrucción de la mano de arquitectos, artistas y obreros, posibilitaron la recuperación de los 500 metros cuadrados originales, dándole a su fachada interna un estilo de la arquitectura colonial. Bar el Cairo, mezcla de bohemio y soñador, hoy, con sus puertas abiertas en su nueva etapa y como siempre, cumple con el rol de “Paso Obligado” para quienes visitan Rosario.

 

 

Más de 250 cubiertos, multiespacio, living, barra de encuentros que se extiende hasta un camino que rememora una calle antigua, con llegada a un espacio cultural con biblioteca incluida y hasta un escenario, donde cada lunes se hacen presente artistas locales, nacionales e internacionales.

 

 

 

 

 

Espacio histórico y fundamental en nuestra ciudad, renovado en su concepto arquitectónico, pero con la vigencia y el espíritu que lo mantuvo y mantiene como “el” bar emblemático de Rosario y uno de los principales de la Argentina.

 

FONTANARROSA Y EL CAIRO

 

FOTOGRAFÍA OSCAR TARRÍO

 

Imposible no mencionar al actor principal de esta obra. El negro, sentado en su lugar de siempre en la esquina de Sarmiento y Santa Fe, imaginó, escribió y dibujo a sus mejores historias. Él no se propuso cambiar al mundo, sino que buscó hacerlo más divertido. Booggie el aceitoso, Mendieta e Inodoro Pereyra nacieron en aquel bar. Las historias que se pueden encontrar en sus 14 libros tienen sede en el bar, y hasta fueron vividas tal cual fueron llevadas al papel. Allí, Fontanarrosa creaba, junto a las anécdotas que le contaban sus amigos, el personal de El Cairo, o cada visitante que se acercaba a charlar con el negro.

 

FOTOGRAFÍA OSCAR TARRÍO

 

En suma, él siempre sostuvo que lo bueno de su trabajo era que podía hacerlo en cualquier parte del mundo, y aunque pudiera irse al Caribe, quería hacerlo desde una mesa rodeado con sus amigos, en un clásico que él amaba.

 

FOTOGRAFÍA OSCAR TARRÍO

 

Entre estos escritos, también debemos mencionar su sección en Rosario/12, donde todos los viernes tenía una columna llamada “Desde El Cairo”. Todos los miércoles se encargaba de enviar un fax a la redacción del diario con el texto tipeado en su máquina de escribir eléctrica. Entre los destacados, podemos mencionar la investigación que confirma que Marcos Paz es la cortada más larga del mundo. Un relato imperdible.

Una anécdota lo pinta de cuerpo entero. Una típica tardecita de verano rosarino suena el timbre en la casa de Oscar. Era el Negro. Lo hace pasar, lo sienta en el living, sin entender mucho qué hacía en su casa. Ya que era una situación extraña. No común. Entonces Fontanarrosa le dice que viene a comprar una foto que le habían hecho. La historia era esta. Había habido una muestra colectiva en la que participaron El Tomi, Flor Balestra, el Niño Ródriguez, entre otros y por supuesto, el Negro. A cada uno se le había hecho un retrato de carácter. Y Roberto quería el suyo porque para él en esa foto él era “ése”. Y la quería para poner en sus libros porque se sentía captado en su esencia.

 

FOTOGRAFÍA OSCAR TARRÍO

 

Por supuesto que pretendía pagarla y que Oscar se la quería regalar. Afortunadamente llegó la socia de Oscar y con sentido común, arregló el pago con el Negro y entonces se fue contento con su foto porque la había pagado como correspondía.

 

Unos meses después Oscar recibe un llamado de un amigo desde Barcelona que le cuenta que lo encontró en los créditos, en una librería de allá debajo del retrato que ilustraba la edición de lujo de los veinte años de Inodoro Pereyra. Oscar se fue al Estudio de Fontanarrosa para comentarle la noticia y el negro le dijo simplemente: “¿Ah, no te avisaron los de la Editorial de la Flor?” Tomó un ejemplar de la edición, dibujó un Mendieta con una flor en la boca y se lo firmó con una simple dedicatoria: Para Oscar. Aprovecho esta oportunidad para pedirle al amigo o amiga de Oscar al que éste le prestó el libro y nunca se lo devolvió, que tenga un poco de honestidad y por favor se lo devuelva, por qué lo extraña su biblioteca. Porque estoy seguro que Fontanarrosa estaría de acuerdo conmigo en reformular ese dicho tan argentino de que “hay dos tipos de tontos: los que prestan los libros y los que los devuelven” por uno que diga que  hay dos tipos de personas: “las generosas que prestan sus libros y las inmorales que no los devuelven”.

 

LA MESA DE LOS GALANES

 

 

En el bar El Cairo hay una mesa a donde todos los turistas quieren llegar: la “mesa de los Galanes”. Allí se sentaba Roberto Fontanarrosa con sus amigos de siempre a conversar. Toda una atracción turística que el bar El Cairo ha erigido en el centro de la estancia. Es diferente a las otras mesas. Está pintada de azul, amarillo, rojo y negro, por Newells y Central, los dos célebres equipos del fútbol rosarino. Tiene una cubierta de vidrio, y debajo se ven fotos diversas de esa barra de amigos que tuvo al Negro como tácito caudillo. Esa mesa es un hito. “Aquí sucedió”, parece gritar esa mesa de colores múltiples. Pero ahí está el asunto, el tiempo verbal pretérito. “Sucedió”. Ya no sucede.

 

 

Otra modificación visible: la estatua de tamaño natural de Fontanarrosa. Cerca de los baños, acodada en un buzón postal de color rojo, la estatua abandona la mirada entre las mesas más próximas a la calle Sarmiento. Ni la mesa de colores ni la estatua estarían allí si el Negro estuviese vivo.

 

 

El escritor Eduardo Sacheri, que los entrevistó, cuenta lo siguiente: “Por fortuna, los amigos del Negro son puntuales. Ricardo Centurión hace las veces de anfitrión oficial de este escritor que soy yo, metido en la dudosa piel del periodista. Con él hablé por teléfono desde mi lejano Castelar para combinar el día y la hora. Fue Ricardo el que tuvo que sortear mis titubeos de “¿vos les avisás a los demás? ¿No los molestaré con mi presencia? ¿No les jode que haya un fotógrafo?”. Riesgos en los que incurre SoHo, que en lugar de encargar esta entrevista a un periodista como Dios manda me envía a mí, que soy más tímido que un canario. Pero bueno, allá ellos. Ya que estoy acá, me daré el gustazo de conversar con los amigos del Negro.

 

 

Los “galanes” son seis. Además del ya citado Ricardo se han apersonado el Colorado Vázquez, el Turco Jaraj, Chiquito Martorell, Ricardo Alongi y el Chelo Molina. Los límites del grupo, de todos modos, son voluntariamente borrosos. A lo largo de los años se ha incorporado gente, otros se han apartado, otros tuvieron una presencia esporádica. Claro que hay amigos más próximos y más distantes. Y las reglas para determinarlo pueden ser estrictas, pero sobre todo son tácitas. Centurión me aclara que eso de los “Galanes” es irónico. Jamás se sintieron tales. Mucho menos se ufanaron de serlo. Eso jamás. La jactancia es uno de los pecados que el estricto código de este grupo no tolera en sus miembros. Ni en vida del Negro, ni ahora que el Negro ya partió”.

 

 

BONUS TRACK

PARA CERRAR ESTA NOTA, UN LUJO PARA NUESTROS LECTORES: EL ENLACE A LA VERSIÓN COMPLETA DEL MEJOR DOCUMENTAL SOBRE ROBERTO FONTANARROSA “CINE NEGRO” DE MARIANA WENGER. GRACIAS  #marianawenger  , @mariana.wenger.7

 

Emilio R. Moya

 

Fuentes: web Bar El Cairo, diariotintanova.com, elciudadanoweb.com, soho.co,

 

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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