RESTAURANTES ETERNOS II

LA HISTORIA VIVA DE ESPAÑA (II)

 

España tiene la suerte de tener fantásticos bares y restaurantes que guardan entre sus paredes muchos años de recorrido. Visitar los restaurantes más antiguos de España es la oportunidad perfecta para formar parte de su historia viva.

En su De consolatione philosophiae, V,  define Boecio la eternidad como interminabilis vitae tota simul et perfecta possesio (posesión total, simultánea y completa de una vida interminable). Para Boecio la eternidad era un “presente perpetuo”. ¿Qué mejor manera de definir estos restaurantes que la de Boecio? No es antojadizo por ello el título de esta nota: RESTAURANTES ETERNOS. Abiertos como el primer día y vigentes. Una muestra de tradiciones superpuestas y de innovaciones permanentes.

¿Sabías que en la actualidad algunos datan de 1670 e incluso de 1386? Muchos sirven platos castizos, otros combinan tradición con toques más innovadores. Lo que está claro es que en cuanto a longevidad no les gana nadie. En ellos tenés la oportunidad de sentarte a comer en el rincón donde se sentaba Cervantes. O en las mesas que ocuparon  Truman Capote, Benito Pérez Galdós, Ernest Hemingway y Ramón del Valle Inclán, entre otros.

En esta oportunidad vamos a mostrarte once de ellos. Un recorrido que comenzará en 1840 y terminará en 1386, pero que en realidad transita aún por nuestros días. Y para que puedas ver la mayor cantidad de detalles, esta nota se divide en dos post, con cinco y seis restaurantes en cada uno de ellos: RESTAURANTES ETERNOS I y II, en nuestra primera entrega doble.

 

 

Casa Lac, 1825

 

 

 

 

La Guía Michelín lo ha catalogado como el restaurante de España con la licencia más antigua. Fue fundado en 1825 por la familia Lac, de origen francés. Sus fundadores eran cocineros de la nobleza francesa que habían huido del país a causa de la Revolución Francesa, y se establecieron en Zaragoza. Como curiosidad, tener en cuenta que el negocio permaneció cerrado desde 2003 hasta 2008, momento en el que se volvió a inaugurar con otros dueños. En 1925 la primera planta se restauró con un estilo ecléctico y modernista en el que no podían faltar los azulejos o una escalera de hierro forjado. Por su parte, el piso superior es la zona del restaurante y está decorado en estilo isabelino, con suelos de madera y lámparas de época. Sigue manteniendo la esencia en su decoración. Destacados: la escalera de hierro forjado, el artesonado de madera y el protagonismo del suelo de parqué con maderas guineanas y canadienses.

Posee una huerta propia. Esta tierra bañada por el río Ebro es un enclave privilegiado. Las aguas van creando fértiles mejanas donde los cultivos crecen con un sabor y color inigualables. Alcachofas, borrajas, cardos, puerros, espárragos, tomates… la lista es tan larga como apetitosa, y todos ellos cultivados con mimo, con trabajo, con amor y respeto por la tierra.

Su filosofía es respetar al máximo todos los sabores que brinda la tierra de la Ribera de Navarra, el elemento natural que sustenta su cocina. Es estar cerca y avanzar sin perder de vista de dónde vienen. En sus cocinas se trata con mimo su producto estrella, las verduras de temporada, que son seleccionadas con cariño en su propia huerta de Navarra. No puedes perderte su menú degustación de verduras que fue el primero de España con estas características.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Can Culleretes, 1786

 

 

 

Can Culleretes es el restaurante más antiguo de Barcelona, pues su origen se remonta a 1786. Su nombre deriva de lo que los camareros gritaban a las chicas que fregaban cuando faltaban cucharillas: “¡Noies, culleretes!”, es decir, “¡chicas, cucharillas!”. La expresión que dio paso al nombre surgió de esta anécdota. Desde ese momento, han servido sus platos a actores, artistas, políticos… Su cocina se basa en los guisos, productos de mercado y postres caseros. Su carta de vinos reúne algunas de las mejores denominaciones de origen de España. Su decoración es un reflejo de la historia del restaurante, como por ejemplo las baldosas que se conservan del siglo XVIII.

Cerca de la Rambla, entre las calles Ferran y Boquería, se encuentra la de Quintana. Justo en medio, está, desde 1786, el restaurante que perdura en el tiempo gracias a una fórmula bien simple: una cocina tradicional que funciona, un buen trato con la gente y una buena relación calidad-precio.

Es el restaurante más antiguo de Cataluña, según el Libro Guiness de los Records, y el segundo de España y, desde 1958 está regentado por la familia Agut-Manubens.

Un restaurante único en Barcelona cuyo rótulo da fe de la antigüedad del local. Siguiendo el consejo escrito en la puerta “Estireu la porta” (tiren de la puerta), el cliente se encuentra con un amplio interior que evoca la época modernista, con grandes pinturas costumbristas en los salones.

Las paredes también están cubiertas de centenares de fotografías de famosos que han comido o cenado en el restaurante. Pero la historia del restaurante no se conserva solo gracias a estas fotografías y recuerdos, ya que si las paredes hablasen relatarían miles de anécdotas ocurridas a lo largo de los años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Botín, 1725

 

 

El restaurante Botín forma parte de la historia de Madrid que a día de hoy sigue más viva que nunca. Además de ser el restaurante más antiguo de la capital, según el Libro Guinness de los Records es el restaurante más antiguo del mundo. Ni siquiera cerraron durante la Guerra Civil.

En 1606, la Corte vuelve a Madrid y en 1620, con la reforma efectuada en la Plaza Mayor (antigua Plaza del Arrabal), la zona se convierte en el principal enclave comercial de la ciudad: zapateros, curtidores, cuchilleros, latoneros, herradores, las calles de la zona adoptaron el nombre de los oficios que en ellas se ejercían: Ribera de Curtidores, Plaza de Herradores  y…como no, Calle Cuchilleros. Es en una de estas calles donde estableció su negocio un cocinero francés llamado Jean Botín, que llegó a Madrid junto con su esposa de origen asturiano, con la intención de trabajar para algún noble de la Corte de los Austrias. En 1725, un sobrino de la esposa de Botín, Candido Remis, abrió una pequeña posada en la calle Cuchilleros y realizó una reforma en la planta baja del edificio, cerrando los soportales existentes. De esta obra ha quedado constancia en una piedra de la entrada en la que figura la fecha. De esta fecha data también el horno de leña de la casa, que aún hoy en día sigue atrayendo a los comensales con sus tentadores olores.

Abierto desde 1725, sus platos estrellas son el cochinillo de Segovia y el cordero asado al estilo castellano en su horno de leña. Son muchas las anécdotas que guarda entre sus paredes el restaurante Botín, como los distintos personajes ilustres que lo han visitado: Truman Capote, Benito Pérez Galdós, Ernest Hemingway y Valle Inclán. Llama la atención la bodega del siglo XVI con sus curiosos pasadizos subterráneos.

El Libro de los récord Guinness reconoce al Botín, también conocido como Sobrino de Botín o Casa Botín, además de ser reconocido por la revista Forbes como uno de “los tres mejores restaurantes clásicos” del mundo. Visitantes de  todo el mundo llegan a visitar esta reliquia gastronómica. Un dato curioso que afirma el Libro Guinness es que Goya llegó a trabajar allí como lavaplatos.

El principal misterio de la continuidad del Botín es su horno original: sigue asando con leña de encina la exquisita carne de cochinillo y cordero. El horno no se ha apagado desde que comenzó a funcionar. Uno de los grandes amantes del cochinillo de la casa fue el escritor norteamericano Ernest Hemingway, que tuvo un vínculo muy especial con ésta y sus propietarios. El cariño por Botín se ve reflejado en varias de sus obras, mencionándolo en Muerte en la tarde y calificándolo como uno de los mejores restaurantes del mundo en Fiesta. De hecho, la última escena del libro tiene lugar en uno de los comedores de Botín.

Otros grandes novelistas estadounidenses como John Dos Passos o Francis Scott Fitzgerald, miembros de la Generación Perdida de los años veinte, hablaron de Botín en sus obras. El norteamericano James Albert Michener, cuyas obras han sido llevadas al cine en varias ocasiones, hace referencia a Botín en una de las páginas de su libro Iberia. Y otro autor británico, Frederick Forsyth, menciona Botín en su novela El manifiesto negro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Rinconcillo, 1670

 

 

En este caso nos encontramos a uno de los bares más antiguos de España, ubicado también en Sevilla, concretamente en el centro histórico. Sus casi cuatro siglos de historia le confieren el honor de ser el bar más antiguo de Sevilla. Sus puertas abrieron cuando reinaba Carlos II y desde ese momento han pasado por el trono cuatro dinastías (Austria, Bonaparte, Saboya y Borbón) y 15 Reyes. Lo más característico de este bar es que las cuentas se hacen con tiza en la misma barra. El Rinconcillo atesora su ornamentación ancestral, que se conserva después de más de 300 años y que maravilla a visitantes de todo el mundo.

El Rinconcillo, en pie desde 1670, ostenta el título de bar más antiguo de Sevilla. Fue en 1858 cuando la familia De Rueda, actual propietaria, adquiere la casa de la calle Gerona nº 40, que ya funcionaba como taberna desde años atrás. Con la compra la casa de la calle Alhóndiga nº 2 en 1897, unida a la casa de Gerona, nace El Rinconcillo con el trazado actual, de manera que la antigua casa se respeta como taberna y la parte nueva se utiliza como una tienda de ultramarinos. Esto es así hasta los años 60, época en la que comienzan a desaparecer los ultramarinos, quedando todo como la taberna que hoy se conoce.

La familia De Rueda ha conservado generación tras generación la esencia de El Rinconcillo, que se ha convertido en la esquina con más renombre de Sevilla y por la que parece que no han pasado los siglos.

En la planta inferior, podrás disfrutar de una deliciosa tapa o un agradable vino, apoyando la copa en su mostrador de caoba o en una de sus barricas transformadas en velador, típicamente andaluz, o bien sentado en una de las mesas de mármol con sillas de madera y enea natural. El ambiente se enriquece con sus estanterías labradas y repletas de antiguas botellas, su patio de luces, suelo de loza de Tarifa en su mayor superficie e hidráulica en el resto, las paredes de muro de ladrillo árabe, y los tapices sobre los muros de azulejos del XVII, XVIII y XIX, un clásico de este folclórico bar.

Hablar de tapas en el Rinconcillo es hablar de sus Espinacas con garbanzos,  las Pavías de Bacalao, las Berenjenas fritas, la Ensaladilla, el Pescado frito, las Tortillas con guarnición, quesos y sus chacinas extremeñas, el Jamón cortado al vuelo, como en las antiguas abacerías. Sus estanterías repletas de bebidas espirituosas que han visto pasar por ellas a miles de sevillanos y foráneos que cada día abordan su barra centenaria de madera y cobre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antigua Taberna Las Escobas, 1386

 

 

El número 1 es sin lugar a dudas la Antigua Taberna Las Escobas, que lleva sirviendo comidas desde la friolera de 1386. Se dice pronto, pero son 634 años en los que este restaurante de Sevilla ha estado en activo, aunque ha cambiado en tres ocasiones de dueños. Su simpático nombre, Antigua Taberna Las Escobas, no es mera originalidad, sino que proviene de sus primeros años abierto al público. En sus comienzos no solo se vendía a los clientes vino, sino también escobas fabricadas por el dueño, que buscaba otra forma de sostener el negocio.

A lo largo del tiempo han pasado por este bar personajes ilustres como pintores, literatos y músicos. Tanta era su popularidad que sus paredes han presenciado las reuniones de ilustres cómo Lope de Vega, Miguel de Cervantes o Murillo. Durante el siglo XIX personajes como Alejandro Dumas, Gustavo Adolfo Bécquer o Lord Byron visitaban La Antigua Taberna Las Escobas. Tal llegó a ser su importancia que el poeta Fernando de los Ríos (1886) le dedicó un poema que comenzaba así:

“Eres decana en Sevilla, Taberna de las Escobas, pues ya cerca de seis siglos, con sus nieves te corona”.

Ser la decana significa ser la primera, antes no había ninguna. En España por lo menos, y posiblemente en Europa, pues solo data una taberna en Venecia, pero se inauguró 10 años después de Las Escobas. A pesar de ser la primera, no tiene el reconocimiento que se merece pues solo ha sido reconocida por la Federación de Restaurantes como decano de la hostelería española. Del resto de instituciones, nada.

El hecho que constata que es un sitio con historia, no es solo por su decoración, cuidada al detalle, sino también el acceso: los edificios antiguos, sobre todo los del siglo XV y XVI, se identifican por la bajada de varios escalones, y en Las Escobas, los tienen.

500 años estuvo a cargo de la misma familia, la de Federico «el cojo», hasta la década de los años 60. Fue entonces cuando se rehabilita el edificio, adquirido por Los Linares, famosos anticuarios de Sevilla, algo que se refleja en la actual decoración del establecimiento, con techos de madera decorados, lámparas dieciochescas y paredes revestidas con telas de la época.

Comer en Las Escobas, como apuntan algunos de sus comensales, es volver al pasado para degustar el presente y pensar en el futuro. De hecho, son muchos los visitantes que, atraídos por una ciudad tan turística como Sevilla, no pueden perderse esta experiencia para los sentidos, de la que se en todo el mundo.

En la actualidad se mantienen algunas escobas decorando el restaurante así como una antigua caja registradora que puede verse desde la calle. Entre sus clientes más conocidos está el escritor Miguel de Cervantes. Preparan recetas tradicionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Emilio R. Moya

Fuentes: espanafascinante.com, Facebook y webs de los establecimientos.

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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