HACIENDO ENEMIGOS: HAMBURGUESAS FALSIFICADAS

LA VORACIDAD DE LA INDUSTRIA FRIGORÍFICA

 

 

En tiempos de mishiadura  como los que estamos viviendo, los amos y amas de casa, cuál alquimistas medievales, se devanan los sesos tratando de encontrar la piedra filosofal de la economía doméstica: ¿cómo hacer para gastar menos en el supermercado?, y así permitir que la plata alcance hasta fin de mes.

Pero mis queridísimos y boludos lectores: los supermercados y la industria ya saben que la tarea es imposible. Y también lo sabía mi abuela que desde chico me decía: “lo barato siempre sale más caro”. Pero igualmente este pelotudo que escribe olvidó tan sabio consejo y cayó en la trampa de la industria frigorífica al comprar unas falsas hamburguesas porque estaban asociadas a una primera marca.

 

 

El llamarlos “boludos” es una cortesía de mi parte ya que, cómo bien señalo el maestro Roberto Fontanarrosa en su conferencia inmortal en el Congreso de la Lengua, no es lo mismo usar la palabra “boludo” que la palabra “pelotudo”.  La diferencia es enorme y tiene que ver con la sonoridad. La sonoridad explosiva de la “Te” de Pelotudo hace que sea un insulto más enfático que Boludo. Y respecto del significado, se puede decir que uno puede ser un boludo pasivamente, por ignorancia, pero que para ser un pelotudo hay que tener ganas. Es decir que la boludez es algo que tiene que ver con la inocencia, mientras que siempre hay algo de insolencia en la pelotudez. Como en este sitio web no hacemos distinciones entre el tema principal o los accesorios me permito, antes de entrar en la estafa de los medallones de carne vacuna, compartir un breve texto de Fontanarrosa denominado: la Fábula del Pelotudo.

 

LA FÁBULA DEL PELOTUDO

 

 

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el pelotudo del pueblo. Un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas. Diariamente, algunos hombres llamaban al pelotudo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso. Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió: – Lo sé, no soy tan pelotudo…, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece pelotudo, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pelotudos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos

La cuarta: (pero la conclusión más interesante) Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo

MORALEJA:

“El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pelotudo delante de un pelotudo que aparenta ser inteligente”

Fontanarrosa

 

LAS FALSAS HAMBURGUESAS

 

 

En principio me gustaría advertir a los señores propietarios de supermercados y a las empresas multinacionales que fabrican hamburguesas, que tengan en cuenta el tercer corolario de la Fábula del Pelotudo: “Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos”. Porque aunque ustedes no lo crean, los consumidores no somos tan pelotudos como ustedes creen.

La irrupción en las góndolas de congelados del “medallón de carne vacuna” asociado a primeras marcas como Paty o Swift constituye una de las trampas mejor elaboradas para vender gato por liebre de la industria frigorífica.

 

 

El Código Alimentario Argentino (CAA), dice que, la “hamburguesa” es un producto elaborado en base a carne picada con el agregado de sal, glutamato de sodio (resaltador de sabor) y ácido ascórbico (antioxidante, más conocido como vitamina C). El contenido de grasa no puede exceder el 20%.

Los “medallones de carne” deben contener carne picada y “otros ingredientes”, como soja o almidón y su contenido de grasa no puede exceder el 50%.

Por otro lado, las características generales y el proceso de elaboración es el mismo. La carne que se utiliza es vacuna, con su contenido natural de grasa (de otra forma debe indicarse en el rótulo). La hamburguesa y el medallón de carne industriales pueden presentarse congeladas o supercongeladas. Y se elaboran en la misma planta de producción.

 

 

Es decir que el nombre correcto de este producto debería ser “Medallones de Grasa Vacuna con Soja Transgénica y conservantes no permitidos”. Pero como el que escribe es un pelotudo, tuvo que pasar por la experiencia de cocinar un par de ellos en una plancha de hierro para darse cuenta de que había caído en la tentación del precio, cuando los vio reducirse a un par de pequeños círculos de color indefinido nadando en un mar de grasa. Y todo eso ¿por qué? Por la ingenuidad de pensar que unas marcas líderes como Swift y Paty no iban a arriesgar su buen nombre y honor en semejante trapisonda.

 

 

 

Lo que me hace pensar en lo dudoso del contenido de sus hamburguesas. Quién puede lo más, puede lo menos. Por lo tanto ¿quién nos garantiza que una hamburguesa tiene sólo un 20 % de grasa? ¿O qué no tiene soja o almidones? ¿O que la carne picada es vacuna?

Respuesta: Montoto, Mongo Aurelio o algún corrupto funcionario de un oscuro Ministerio, Secretaría u organismo descentralizado.

 

QUIENES FABRICAN ESTAS FALSAS HABURGUESAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿SABÉS QUIÉN FABRICA LAS HAMBURGUESAS PATY Y BARFY? LAS FABRICA QUICKFOOD S.A.

 

 

 

ES RARO QUE UNA EMPRESA TAN GRANDE COMO QUICKFOOD NO SE HAYA DADO CUENTA QUE BARFY EN INGLÉS REMITE AL VOMITO.

 

 

 

 

LOS BOLUDOS SI SE DIERON CUENTA

 

Si después de haber visto de qué forma te engañan en el supermercado,  amabilísimo y querido lector, sigues comprando medallones o hamburguesas habrás dejado de ser un boludo para convertirte en un pelotudo hecho y derecho, como Yo.  Quién una fría noche de invierno pandemiario me quedé sin cenar por haber caído en la tentación de la oferta y adquirido dos tentadores medallones Paty y dos tentadores medallones Swift que me mostraban fotografías de hamburguesas también tentadoras.

 

 

Para confirmar dos verdades de Perogrullo: la del dicho “cuándo la limosna es grande hasta el santo desconfía” y la de mi abuela “lo barato sale caro”. Y tan caro salió que tuve que tirar todo. Porque hígado, no me queda. Páncreas, tampoco. Y si le daba a mis arterias coronarias esa cantidad de grasa después de haber sufrido ya un infarto, hubiese equivalido a un suicidio. Así, que como buen pelotudo, terminé en la cama sin cenar muy merecidamente. Por ser tan pelotudo.

 

Emilio R. Moya
Fuentes: Una noche sin cenar y muchas más dudas que certezas
Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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