EL SAMURAI GOURMET

O cómo hacer un viaje de autoconocimiento

 

El Samurai Gourmet es una serie de televisión japonesa estrenada en 2017 y producida por Netflix, que sigue estando disponible en la plataforma de streaming. Esta pandemia me dio la posibilidad de cruzarme con ella y seguir junto a Takeshi, su protagonista principal, una ruta de sabores, olores y recuerdos que no sólo me enseñaron mucho de la gastronomía japonesa, sino que me conectaron con mi propia vida, con mi historia y con mis recuerdos. De lo mejor que he visto -y he visto mucho- en estos meses de encierro.

La serie, de 12 episodios de unos 20 minutos de duración, está basada en el manga titulado Nobushi no Gourmet (野武士のグルメ) de Masayuki Kusumi y Shigeru Tsuchiyama.

 

La temática gastronómica no le resulta ajena a su autor, Masayuki Kusumi. Y es que este mangaka fue el responsable también del conocido El gourmet solitario, dibujado por el famoso Jiro Taniguchi, tristemente fallecido en 2017. De hecho, aunque esta serie está basada en otro manga, también bebe de este gourmet solitario que descubre restaurantes en Tokio.

 

 

El protagonista de la serie, Kasumi Takeshi (interpretado por el gran Takenaka Naoto), acaba de jubilarse al llegar a los 60 años. Como buen salaryman japonés, toda su vida adulta había estado dedicada al trabajo en la empresa. Y la jubilación le sume en un montón de dudas acerca de su futuro y de qué hacer con su tiempo libre. Sin embargo, poco a poco empieza a descubrir restaurantes que no conocía y empieza a atreverse a entrar a sitios nuevos.

 

 

Asimismo, la serie es un viaje nostálgico de descubrimiento personal, ya que en muchos casos los lugares que visita le recuerdan a experiencias de juventud, también relacionadas con la gastronomía. Y todo ello sazonado por las apariciones periódicas de un ronin, un samurái sin señor, que representa la forma de ser ideal para el protagonista. Tras su aparición, Kasumi irá creciendo personalmente en cada episodio, disfrutando más y más de la comida y de su recién estrenada jubilación.

 

 

Al mismo tiempo, aunque de forma tangencial al principio y un poco más intensa al final, irá adquiriendo protagonismo Shizuko, la mujer del protagonista. A lo largo de la serie veremos, así, como la relación entre ambos se va haciendo más cercana, a medida que Kasumi va asumiendo su nueva realidad y va dándose cuenta del apoyo que siempre ha tenido en su mujer.

 

Cada capítulo describe una situación en la que el protagonista, de un modo u otro, se dedica a comer -y no sólo a comer, sino a disfrutar de la comida- cuando todo lo que ocurre a su alrededor influye inequívocamente en su experiencia ante la mesa. No dudes de que esta serie despertará el apetito más visceral que tienes, no sólo por los apetitosos manjares que aparecen… o no tan apetitosos, porque hasta un sencillo plato de espagueti parece sacado del mismísimo edén culinario. No sólo es la comida la protagonista, lo es también el contexto.

 

Dicho de otra manera, ‘El samurái gourmet’ no es sólo una serie de comida -de la cual se habla, y mucho- sino también de las fortunas y desdichas de esta vida. A veces, refugiarse en un buen restaurante para disfrutar de la comida es la única manera de olvidar un mal día.

 

Pero también puede ocurrir que, precisamente, acudir al sitio equivocado sea un auténtico agobio. Aun así, en algo estamos de acuerdo, y es que alrededor de un buen menú, con una cerveza en la mano, es como mejor podemos compartir un momento con otros, sean familiares o auténticos desconocidos. Estas situaciones, universales a todas las culturas, quedan deliciosamente retratadas en la serie con un divertido sabor japonés.

 

En determinados capítulos, la serie va más allá y toma un tono de trasfondo social. “¿Por qué a los japoneses les gustan tanto las colas?” murmura el protagonista, cabizbajo, cuando descubre que su restaurante favorito de ramen está repleto.

 

 

En uno de los episodios más brillantes de la serie, tío -de 60- y sobrina -de 21- comparten una comida en un restaurante de parriladas coreano. Ante la actitud desinteresada de la joven por la conversación, el tío no puede impedir sentirse angustiado. “¿Es que los jóvenes no saben disfrutar ya de la vida?” piensa, mientras su acompañante mira el celular constantemente. Sin embargo como en cada uno de los capítulos, ambos saldrán enriquecidos con un aprendizaje nuevo.

 

 

Aunque, eso sí, en general reina el humor. Cada vez que Kasumi está dedicado a su tarea, sentado en la mesa o la barra del bar, un samurái aparece en su imaginación: de repente, se transporta a la época Edo. En primera persona, el inocente anciano presencia una escena típica de las películas de samuráis, y se da cuenta de que… las cosas no han cambiado tanto.

 

Que se adapte un manga a una serie de imagen real con resultados tan satisfactorios, y que encima llegue a occidente a una plataforma como Netflix, es sin duda un caso digno de estudio. Sólo podemos esperar que este sea el principio de más series de este calibre, y que más joyas de origen japonés lleguen a nuestras pantallas.

 

Son doce capítulos de menos de veinte minutos cada uno. Ocurren en restaurantes reales que hoy constituyen un circuito gastronómico en Tokio y Chiba, salvo el del capítulo del estofado de res con arroz que ha cerrado sus puertas. Cada uno de ellos es una joya en si mismo.

Y pude conectarme a través de ellos, con mi propia historia a pesar de las diferencias culturales, gastronómicos o  históricas. Evocar el rostro de mi padre cada vez que Takeshi abría una cerveza fría y empezaba a saborearla. Las croquetas de mi adolescencia. A mi madre, en las advertencias de Shizuko, para que Takeshi no se pasara con la cerveza. Al amor que después de toda una vida se seguían teniendo. A los bares dónde iba a leer mientras se me pasaba el día durante mi juventud. Y a las enseñanzas que me fue dando una vida dedicada a la gastronomía. Viendo en las mesas las mismas caras. Sabiendo que iban a pedir. Cómo iban a sentarse. De que forma iban a comer. Y cuánto me habían enseñado.

Me acordé de los ravioles  que comía con mi familia los domingos y las croquetas de villaroi de huevo del Rich, que comíamos en la plaza de enfrente con mi amigo Ricardo a la salida del Superior de Comercio. Del Bar Lácteo Bahía de la calle Santa Fé y sus batidos de Toddy. Del Restaurante El Buen Gusto que estaba en Roldán y preparaba la mejor Mayonesa de Aves que he comido o de los opíparos desayunos con pan de campo en Coronda cuando viajábamos a Santa Fé antes de que existiera la autopista.

Pero vivo en Argentina, no en Japón. Y para mí es imposible hacer lo que hizo Takeshi, volver después de cuarenta años al restaurante de su época de estudiante y encontrarlo todavía abierto, con la misma carta y los mismos sabores. Aunque ubicado en otra locación.

Eso sí, la dueña lo recordaba perfectamente por la forma de comer su plato preferido.

 

Emilio R. Moya

 

 

 

Fuentes: NETFLIX, Japonismo.com, Culture Gokodama, CDJapan.com, Nobushi no Gourmet, Akimonogatari.es, Asian Kitchen.fr
Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Editorial Diario La Capital

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