DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2021

SI ES MUJER ES COCINERA, SI ES HOMBRE ES CHEF

 

CAMILA FERRARO CHEF DE SOBRETABLAS EN ANDALUCÍA

 

Cuando era la mujer la que se dedicaba a la cocina, el trabajo apenas era relevante y a quienes se dedicaban a él se les llamaba sin más cocineras. Desde que han entrado los hombres en tan noble oficio, cocinar se elevó a la categoría de arte, el cocinero ha pasado a ser Chef y el oficio se denomina “Cocina de Autor”.

 

 

Y es que el varón, como José Manuel Otero escribió alguna vez, es una especie de pavo real que vive contemplándose, encantado de conocerse y sin preocuparse de todo lo que lo rodea. Por eso, es tan fácil que caiga en la adulación. La mejor manera de conseguir que haga algo es alabar sin límites lo que hace. Pero eso sí, los halagos no pueden quedarse de puertas adentro, tienen que ir respaldados por un reconocimiento externo que haga visible ante los demás sus “impresionantes” logros.

No basta, pues,  decirle que cocina bien. Si solo es eso lo que se destaca, lo máximo que se conseguirá es que se dedique a la cocina ocasionalmente. Hay que ensalzar hasta tal punto su predisposición que elevemos sus obras al nivel del arte: nada más y nada menos que “arte culinario”.

 

UNA VERDADERA INJUSTICIA

 

Saber sobre las hazañas culinarias de reputadísimos chefs de élite es habitual hoy en día. Ver a los hombres cocinar es muy reconfortante, pero conceder que la profesión se ha masculinizado y que a las mujeres chef no se las promociona de la misma manera que a sus colegas hombres en los medios de comunicación es algo,absolutamente, innegable.

 

 

El estereotipo de género relega a las mujeres al espacio privado y, por lo tanto, a ellas les ha correspondido tradicionalmente hacerse cargo de la tarea de cocinar.
Sorprendentemente, cuando los hombres por fin tomaron el cucharón, consiguieron dotar a esta actividad de prestigio y convertirla en algo público, en un asunto serio e importante por la simple razón de ser realizada por ellos, mientras que las mujeres han sido siempre relegadas a ese papel de alimentadora-cuidadora. La cocina, una vez conquistada por los hombres, se hace famosa y se convierte en trabajo remunerado y respetado: es encumbrada y elevada a la categoría de arte porque la realizan los varones.

 

 

Son ellos los que consiguen que se dote de un prestigio social nunca visto a la cocina. El mismo intento por parte de las mujeres habría sido considerado una intrusión en el ámbito público, terreno vetado para ellas hasta hace bien poco. Sin embargo, ellos han tenido la oportunidad de entrar en el espacio ‘femenino’ de la cocina y de hacerlo público, ‘masculino’, creando un nuevo concepto de la Cocina con mayúsculas.

Y es que cuando los hombres por fin entran en la cocina, no lo hacen para quedarse, sino para marcharse con el libro de recetas y, de paso, con la gloria. El encumbramiento de esta actividad supone un claro ejemplo de perversión y sexismo de la sociedad. La cocina solo adquiere mérito social cuando se convierte en algo masculino, terreno interesadamente diferenciado del femenino. La cocina femenina queda relegada a la de casa; la masculina, a la del negocio. La femenina es gratis, la masculina está remunerada.

 

Se preguntan ¿qué festejan ? Una nueva temporada de su programa, no un comensal satisfecho.

 

UN PROBLEMA DE GÉNERO

 

La cocina se institucionaliza y se eleva a Alta Cocina gracias a los chefs, reconocidos mundialmente como artistas y a quienes se tilda de gurús de la restauración, dotándoseles de un prestigio social sin precedentes en una actividad donde subyace el hecho mismo de preparar comida. Y es que ser chef, cocinero famoso, reputado y alabado, supone además ser empresario, estratega, hombre de negocios, visionario.

Ahora bien, lo verdaderamente perverso es que una vez que ellos extrapolan los valores ancestrales culinarios del ámbito privado al público y los elevan a categoría artística, derivada de la trasnochada analogía de que hay más hombres chefs que mujeres chefs, se generaliza la idea de que los hombres son mejores cocineros que las mujeres: “Cocinan mejor porque son más”, sin entrar a analizar el asunto desde el punto de vista de género.

 

Una cuestión de sensibilidades

 

Eugénie Brazier, ‘La Madre’ de la cocina francesa tradicional y primera chef en alcanzar las tres estrellas Michelin

 

“Como mi madre no cocina nadie”, “las mejores croquetas son las de mi abuela”, “esto sabe a la cocina de mamá”. Son frases que hemos escuchado toda la vida, pero aún así en los rankings, en las listas y en las televisiones los protagonistas siguen siendo los hombres. ¿Es que acaso existe una ‘cocina en femenino’ y otra ‘en masculino’? ¿Hay diferencias entre los platos que elabora un hombre o una mujer?

Para el chef francés Olivier Roellinger, quien devolvió las tres estrellas Michelin de su restaurante Maison de Bricourt hace diez años para dedicarse a la educación gastronómica: “Todas las cocinas del mundo son femeninas, las crearon las abuelas y las madres. Pero le voy a poner un ejemplo, de la cocina española solo se comenzó a hablar cuando los hombres empezaron a cocinar”.

Y es que, según reflexiona el chef, “los hombres cocinan para sí mismos y las mujeres lo hacen para los otros”. Coincide con esta opinión la francesa Hèlène Darroze, elegida en 2015 mejor cocinera del mundo según The World 50 Best Restaurants , quien inspiró al personaje de Colette en la película Ratatouille: “Ellos quieren enseñar sus técnicas, mostrar algo nuevo, ser los primeros. Nosotras cocinamos para generar una experiencia, para cuidar, y ésta es una aproximación muy diferente”.

¿Hay diferencias entonces entre los platos creados por un hombre o por una mujer? “Las mujeres no suelen hacer una cocina extrema porque no deben afirmarse a través de ella –añade la italiana Licia Granello, autora del libro Il gusto de delle donne: il mestiere della tavola in venti storie al femminile–; para ellas la comida es nutrición mucho antes que estupor, supremacía, celos o envidias”.

Según la francesa Dominique Creen, la primera mujer de EE.UU. que ha conseguido tres estrellas Michelin en su restaurante Atelier Crenn, “la forma de cocinar de una mujer es maternal, nosotras tenemos un instinto innato de cuidar a los demás”. ¿Coincide con estos valores la ‘cocina en femenino’?

Para  Andoni Luis Aduriz, al frente del biestrellado restaurante Mugaritz estos valores estarían presentes : “En la cocina de autor, de individuos de personas que expresan su realidad a través de la gastronomía, lógicamente hay autoras. Y estas autoras se pueden expresar con unos valores más o menos marcados de lo que muchas veces atribuimos a la feminidad”.

“Es muy humano y quizás no comparte género el dejarse alimentar el ego por ciertas respuestas hacia un trabajo, pero sí es verdad que hay sensibilidades que se expresan mucho más en el ámbito de la mujer y tienen que ver con la necesidad de compartir”, señala el chef.

UN BUEN EJEMPLO

 

 

Antonia Caballero (61) se levanta todos los días a las 5 de la mañana para llegar al Comedor Universitario del Centro. Como es la primera de todo el personal en estar allí (6.20 de la mañana), se ocupa de poner a calentar el agua en las ollas industriales. Da así el primer paso para los preparativos de la comida que van a servir a cerca de dos mil alumnos, todos beneficiarios de la beca para almorzar y cenar.

Se trata de uno de los servicios sociales quizá más necesarios que brinda de la Universidad Nacional de Misiones y Antonia es una de las protagonistas más antiguas y parte central de las tareas.

“Tenía 27 años cuando comencé. Mi primera ocupación fue como auxiliar lavando las bandejas para servir los platos”, recordó la mujer con jovialidad, al hacer un repaso por los 34 años de servicio que brindó en ese ámbito y del que se jubiló hace un año.

“Todos los días venía desde Garupá, para dejar a mi pequeño en la guardería municipal y pasaba frente al viejo edificio del comedor (Corrientes casi Belgrano), que fue su anterior ubicación”, relató.

“Cierta vez una señora -quien también dejaba a su hijo donde lo hacía yo-, me contó que estaban por tomar personal para el servicio de cocina en la universidad y me presenté. La verdad no sabía hacer nada de cocina. Tenía mi buena voluntad y mi entusiasmo. Pasé a dejar mis datos y a la semana me fueron a buscar porque había quedado seleccionada. No lo podía creer. Eran muchas las personas que se presentaron y el puesto era sólo para una”, recordó emocionada.

De pasar del cargo de auxiliar a cocinar fue sólo cuestión de tiempo, porque Antonia ponía voluntad y amor en todo lo que hacía.
“Sin el ingrediente amor no podes hacer nada en la vida y si cocinas pero no le pones lo que hace falta, hay que dejar nomás. Sin amor nadie puede cocinar bien”, explicó la experta cocinera y una de las más queridas del plantel. “Para cocinar tenes que poner mucho amor, te tiene que gustar. Es la base principal”, insistió.

 

 

Es que para Antonia, los estudiantes son como sus hijos y así los trata. De ahí que varias generaciones de alumnos la recuerden con tanto cariño. Indicó Antonia: “Viví tantas cosas felices cocinando para los chicos que cuando esté jubilada, seguro voy a empezar a cocinar pronto haciendo algún emprendimiento, porque es un camino que me marcará toda la existencia”.

“Se jubila Antonia, la cocinera “histórica” del comedor universitario” PUBLICADA POR El Diario de Misiones `PRIMERA EDICIÓN

Emilio R. Moya

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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