PARADORES: RUCA BELL

LAS OVEJAS, NEUQUEN, PATAGONIA ARGENTINA

 

 

Cuando tenía cinco años para viajar desde Rosario a San Juan se tardaba en auto 24 horas. El viaje en el viejo Ford 47 de mi padre comenzaba a las diez de la noche de un día y terminaba, con suerte, a las diez u once de la noche del día siguiente. Desde Encón en San Luis hasta San Juan eran 300 km de desierto y ripio.

 

 

Nosotros hacíamos cada año ese recorrido para pasar las fiestas con mis abuelos sanjuaninos. Y recuerdo siempre de esos viajes las palabras de mi viejo al referirse a los paradores de la ruta:  “Emilito siempre hay que parar a comer donde veas muchos camiones. Ellos están todo el día en la ruta y saben dónde se come mejor y dónde te atienden mejor”.

Desde esa época los paradores en la carretera ejercen una fascinación especial en mí como gastroescritor. Generalmente en el medio de la nada surgen como un Oasis para saciar el apetito y la sed de los viajeros. Y de ellos se trata esta sección.

 

LA RUTA PROVINCIAL 43 DE NEUQUEN

 

 

Antes de partir hay que tomar precauciones si viajas en invierno, en especial chequear el pronóstico meteorológico y cargar las cadenas para transitar en la nieve: nunca se sabe cuándo las vas a necesitar.

Después, a disfrutar de salir a la ruta. Si, por ejemplo, tu punto de partida es Neuquén, tenés unos 450 kilómetros y unas cinco horas y media hasta Chos Malal. Primero, por la Ruta Nacional 22 hasta Zapala y desde ahí por la Ruta 40.

 

 

Ya en Chos Malal te conviene cargar nafta (hay dos estaciones), llenar el termo y comprar provisiones antes de seguir. Ahí nace la Ruta Provincial 43. Y si antes te llamaron la atención las cigüeñas petroleras, la estación espacial china que emerge en el medio de la nada y la irrupción de picos nevados en el paisaje, ahora te vas a tener que acostumbrar a la sorpresa permanente mientas te internás en el corazón agreste del norte neuquino.

 

 

Una de las primeras vistas inolvidables es la de la recta que conduce a las montañas cubiertas de nieve. El tramo que sigue incorpora curvas y contracurvas, con pendientes que suben y bajan. En las zonas donde no da el sol (en especial a la mañana) tené cuidado en invierno, porque puede haber una capa de hielo sobre el asfalto. En ese caso, eludí las frenadas bruscas y bajá la velocidad con la caja de cambios.

 

 

Conviene pisar el acelerador poco y contemplar mucho. Por ejemplo, cuando te acercás a Andacollo y la traza dibuja vistas a medida que sube, baja o dobla. O cuando aparecen los bosques de Huinganco, atravesás Villa del Nahueve o te acercas a Las Ovejas. Por tramos, la traza se pega al río Neuquén que nace como un hilito de agua que baja entre las piedras unos 80 kilómetros más al norte, pero que aquí ya tiene unos 15 metros de ancho y este año un buen caudal, que depende de las nevadas y el ritmo del deshielo más adelante. Un lugar ideal para probar suerte con la caña cuando comience la temporada de pesca.

Manejar al costado del río es una sensación que te llevás de recuerdo, como también las panorámicas que te regala la ruta cuando se eleva.

 

Con los últimos 13 km desde Villa del Nahueve, la 43 ya está asfaltada hasta Las Ovejas y a partir de ahí es de ripio consolidado. Apenás entrás en el pueblo, justo enfrente de la Oficina de Turismo,  está Ruca Bell, nuestro parador de hoy.

 

 

RUCA BELL

 

 

Las Ovejas, está asentada sobre un pequeño valle y rodeada de montañas y cerros de la Cordillera de los Andes que contrastan con el cielo azul profundo, que aquí parece estar más cerquita.

 

 

Y es el sitio que eligió hace quince años Claudia Schmitt, una docente y fotógrafa rosarina, con pasado gastronómico, para construir “su” lugar en el mundo.

 

 

 

 

 

Su casa de comidas, como ella la define en el cartel, se ha ido transformando con los años en la parada ineludible de quienes arriban a Las Ovejas. Sean ellos argentinos, chilenos, europeos o mapuches. Viajantes de Comercio, Camioneros, Motoqueros, estudiantes, familias de turistas que reirán sus viandas antes de iniciar sus excursiones por la mañana, o que buscan su cena al volver por las noches.

 

 

Y por supuesto los pobladores de Las Ovejas que la recibieron entrañablemente en la comunidad y  la consideran una más de la ciudad. Como si hubiese nacido en la región. Como si hubiera estado desde siempre.

 

 

El mismo nombre alude a esta fusión de culturas de la que se compone su clientela. Ruca es el nombre de la vivienda tradicional de los mapuches, pueblo que habita en los actuales territorios de Chile y Argentina.

 

 

Y “Bell” hace referencia, en inglés, a la campana con la que los clientes llaman a la puerta de la Casa de Comidas, como una especie de guiño para los visitantes europeos.

 

 

Claudia tiene una huerta de hierbas aromáticas y bayas en los fondos de la propiedad, en la que también cultiva algunas hortalizas y legumbres. Algunas mesas afuera sirven para aquellos que eligen comer en el lugar, pero son muchos los que prefieren retirar las viandas para sus excursiones o llevarse la comida a sus domicilios.

 

 

Su cocina es la cocina casera. Lo que la hace auténtica y reconocible para cualquier comensal, provenga de la tradición que provenga. Y conlleva la experiencia de más de cuarenta años cocinando y siendo anfitriona desde sus inicios en España.

Hay muchos platos frescos en verano, sopas y guisados en el invierno, y todo el año una variadísima carta que cambia todos los días según los productos de la estación. También hay sandwiches y pizzas. Tortillas al horno de papas y de verduras. Algunas antológicas como la de Verduras gratinadas. También pastas caseras, arroces, carnes y aves de corral.

 

Carne asada con salsa de hongos y ensalada

 

Tortilla de Verduras al horno gratinada

 

Pizza especial Ruca Bell

 

Bocadillo de Pollo, Palta y Verduras del Huerto

 

Los Especiales de Milanesa con tutti

 

Las croquetas de verduras de estación

 

Ensalada de la Huerta

 

 

Eso sí, como el menú es diario, salvo las minutas, no decidís vos lo que vas a comer. Vas a comer lo que te preparó Claudia ese día. Y cuándo un plato se terminó, se terminó. Pero no te preocupes por eso, porque la alternativa siempre va a ser mejor que lo que vos querías, y te vas a ir más que satisfecho.

Prueba de ello es su clientela. Porque aunque pasen una vez en su vida por Ruca Bell conservan en sus redes sociales el recuerdo de la experiencia y lo refieren a sus amistades. Sean del país o del exterior. Y así se fue formando una cadena de lo más variopinta de personajes. Algunos aparecen una vez por semana.  Otros, cada mes. Y hay algunos que vuelven año a año. O incluso cada dos o tres años.

 

Milanesas de Peceto en escabeche

 

Tomates rellenos de pollo, huevo y alcaparras

 

Canelones

 

Cazuela de Mariscos sobre cama de arroz

 

 

En ocasión de visitar Las Ovejas hace algunos años, y de visitarla a Claudia, tuve la oportunidad de ver el fenómeno en persona.  Desde albañiles que venían a buscar sus espectaculares sándwiches de milanesas a grupos de motoqueros que paraban a comer ahí. Y desde matrimonios suizos en motorhome a camioneros que se tomaban media hora de descanso, para comer un guiso de lentejas.

Con esa magia que tienen los paradores en el que se mezclan todas las clases sociales y todas las nacionalidades en el mismo lugar para celebrar la ceremonia del almuerzo o la cena. Y cuyo único secreto para tener vigencia no es otro que el boca a boca. Que hace que unos lo recomienden a otros, porque saben que serán bien atendidos.

 

Carne Rellena

 

Vitel Tonné  con Ensaladas y Quesos

 

 

Esta nota esta ilustrada con fotos hechas por Claudia Schmitt tanto de los platos cómo de los paisajes que acompañan cada plato.

 

Emilio R. Moya

Fuentes: rionegro.com.ar, neuquentur.gob.ar,
Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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