LA RUTA DEL VINO DE TUCUMÁN

TURISMO ENOGASTRONÓMICO

 

 

La Ruta del Vino de Tucumán ofrece una variedad única de matices e historias. Recorriendo los Valles probando los vinos de altura que dan nombre a esta ruta en una experiencia para todos los sentidos.

Tucuman’s Wine Road offers a unique kind of stories and colours. Going by the valleys, tasting this kind of wines, produced at the mountain heights, giving this tour its name, in an all senses experience.

La ruta parte de la Plaza Independencia, en San Miguel de Tucumán. En el camino nos asombraremos con la exuberancia de la selva de Yungas en la Reserva Provincial Los Sosa. Luego de una parada en el Mirador del Condor en Tafí del Valle, continuaremos por la ruta 307 hacia Amaicha. Aquí empezaremos a vivir la historia y la experiencia de los vinos tucumanos.Si la jornada nos lo permite, nos introduciremos en la increíble historia de la Bodega Comunitaria Los Amaichas, perteneciente a la comunidad, 3ra en su tipo en el mundo. Continuaremos los caminos por Ruta Nacional 40, hacia Colalao del Valle, asombrados por este increíble lugar y sus maravillosas texturas y sabores. Luego de visitar 3 bodegas, haremos nuestra parada obligada en La Ciudad Sagrada de Quilmes, 2do vestigio de ruinas incaicas en importancia arqueológica después de Machu Pichu.

The tour departs from Independence Square, in San Miguel de Tucumán. On our way we will get astonished about the Yungas jungle exuberance, trough the “Los Sosa” reserve. After a nice stop in the “Condor Viewpoint” in Tafi del Valle, we ill take again the 307th route heading Amaicha, where we will start living Tucuman’s wines history and experience.If the day allow us, we will get inside the “Los Amaichas Community Winery” amazing story. Belonging to the Native Community, this winery is the 3rd of its type around the world, and the 2nd in America.On the road again, we will take the 40th National Route to Colalao del Valle, amazed by this place, the valleys, its textures and flavors. After a 3 winerys tour, we will stop in the Quilmes Holy City ruins, being the 2nd importance Inca ruins after Machu Pichu.

 

 

Tucumán tiene un especial atractivo turístico debido a sus extraordinarios y contrastantes paisajes, con una belleza natural intacta y una rica historia cultural que conjuga la herencia aborigen, el legado colonial español y jesuítico y el presente de una intensa vida social, artística y académica.

Un imperdible de la provincia, en el área central del Valle Calchaquí, es la Ruta del Vino. Zona vitivinícola por excelencia unificada por la Ruta Nacional Nº 40 y la Ruta Provincial Nº 307 que recorre  aproximadamente 100 kilómetros.

 

 

Su clima es frío en invierno, caluroso en verano y se caracteriza por ser una zona seca. Tiene una alta exposición al sol, aproximadamente 350 días del año son soleados con vientos permanentes de norte a sur los cuales propician el crecimiento óptimo de las uvas.  Su suelo es franco arenoso, permeable, limpio y profundo en toda su extensión, alcalino pero no salino y representa una de las zonas de producción vitivinícola más altas del mundo.

Los viñedos en el valle se plantan desde el siglo XVI pero recién a partir de fines del siglo XIX se elaboran vinos para el mercado. A partir de 1910, se amplió la superficie de viñedos gracias a canales de riego y represas llegando así, en 1934, a una superficie cultivada de 83 hectáreas registradas en Colalao del Valle.

En la actualidad, las variedades implantadas en Tucumán son: Torrontés, Malbec, Cabernet Sauvignon, Bonarda, Syrah y Tannat. Los mismos, resultan vinos de alta calidad, muy concentrados, estructurados y con buen aporte de alcohol.

 

 

Los viñedos se trabajan con una modalidad orgánica, con abonos naturales de guano y aporte de residuos de otras producciones agrarias. Las conducciones son en parrales para las variedades blancas, evitando la exposición directa al sol y en espalderos para las tintas.

El riego de los viñedos se realiza por goteo en la mayoría de los casos, aunque también se aplica el riego por manto. Siempre se utiliza agua pura de deshielo, lo cual favorece a la pureza de la uva.

Una combinación recomendada

La gastronomía regional y el enoturismo van de la mano. La empanada tucumana es un producto propio de esta cultura y de la región. El vino más adecuado para alcanzar una experiencia única con la empanada es el torrontés. La frescura baja de la variedad y el aroma floral del vino, junto al calor de una empanada con salsa de tomate condimentada, hacen una pareja perfecta.

 

 

Los Valles Calchaquíes cuentan con características naturales que hacen que la tierra sea ideal para los viñedos. Son llamados vinos de altura porque son producidos a partir de uvas cultivadas con alta exposición al sol. Soportando climas fríos en invierno; calurosos y secos en verano.

 

Cultura y arqueología

 

La Ruta del Vino es una experiencia única en el norte argentino. Nos presenta todo lo que Tucumán ofrece, pero acompañado de la bebida nacional por excelencia. Además, allí se puede disfrutar de la arqueología que nos dejaron las culturas precolombinas y jesuíticas. Lugares destacados como Pichao, Ruinas de Cóndor Huasi, Talapaz y Ciudad Sagrada de Quilmes.

Tres casos diferentes, paradigmáticos y complementarios

 

Bodega Comunitaria Los Amaichas

Una comunidad calchaquí, que elabora vino hace 300 años, fundó la primera bodega gestionada por indígenas. Es la Bodega Comunitaria Los Amaichas, y los productores tuvieron su primera vendimia en 2015 buscando que el proyecto impulse el turismo en una región olvidada de Tucumán.

 

 

Con la creación de la bodega incorporaron la cepa Malbec y comenzaron a producir vino fino. Ahora, están desarrollando su estrategia de venta.

“Me voy pa los cerros altos…” escribió Rolando “Chivo” Valladares en la vidala “Subo”. Cuando el ómnibus remonta la Ruta 307 camino a los valles, la canción del poeta tucumano cobra real dimensión. El vehículo es apenas una mancha blanca; el camino, una lengua de asfalto entre tanta inmensidad de montañas, cardones y una luz clara que ciega.

Rodeada de montañas, a 165 kilómetros de la capital tucumana, está Amaicha del Valle, una comunidad rural de cinco mil habitantes que nunca interrumpió su gobierno indígena. Los comuneros poseen una Cédula Real de 1716, que los convierte en dueños de las tierras desde que los españoles pactaron con sus antepasados, los amaichas, quienes no adhirieron a las guerras calchaquíes.

 

 

Desde la presencia de los españoles, hay algo que se mantuvo inalterable en este poblado: la producción de vino. Un gran número de familias amaicheñas mantiene su parral, con el que producen patero y mistela. Desde 2015, a partir de un programa de Economías Regionales de Nación, la comunidad decidió aunar esos saberes y producciones en un proyecto. Así nació la Bodega Comunitaria Los Amaichas, la única del país administrada por una comunidad indígena.

 

 

Como en todos los proyectos comunitarios, nadie ocupa solamente un rol. Gabriela Balderrama trabaja en el área administrativa y de atención al público, pero también colabora en el proceso de molienda y envasado del vino. Los Amaichas es una de las bodegas que forman parte de la Ruta del Vino de Tucumán, que se distribuye a lo largo de los Valles Calchaquíes.

“Trabajando en grupo y unidos se pueden lograr muchas cosas. Queríamos un proyecto que sea de la comunidad y que pueda ser manejado por nosotros. Desde Nación, nos sugerían que armáramos un hotel o un museo. Nosotros decidimos apostar a la bodega”, cuenta Balderrama, integrante del proyecto que reúne a unas 50 familias y de la comunidad, que aún conserva instituciones ancestrales como el cacicazgo y el Consejo de Ancianos.

 

 

Con el dinero que recibieron, construyeron la bodega en el Km 115 de la Ruta 307, en una de las tierras comunitarias. El lugar tiene una capacidad para producir 50 mil litros de vino. La construcción respondió a los principios que solían usar sus antepasados. “Fue pensada por la gente de la comunidad y los productores, junto con el cacique y el Consejo de Ancianos. Es circular porque así eran las viviendas en nuestra cultura ancestral. Además de la construcción principal, se hicieron otras dos en forma de semicírculo de cada lado. La piedra nos ayuda a lograr una temperatura óptima para estacionar el vino naturalmente, sin la necesidad de refrigeración”.

 

 

Gabriela muestra todas las instalaciones de la bodega: las máquina, los tanques de acero inoxidable, el proceso de etiquetado manual y se detiene en la cava. “Es una excavación que le hicimos a la loma donde estamos. Se pretendía que la cava fuese más grande, pero nos encontramos con una piedra inmensa que abarcaba este sector y rompió tres máquinas. ¡Era durísima! El cacique nos dijo: ‘La Pachamama nos pide que la construcción no avance más allá de esto’”.

 

 

El proceso para profesionalizar la producción no fue fácil. Aunque ya llevan cinco moliendas, los productores, que son dueños de la bodega y se comprometen a entregar la totalidad de su producción, aprenden día a día. Actualmente, tienen dos líneas de vino: Sumak Kawsay Criolla y Malbec; el nombre significa “Buen Vivir”.

La decisión del precio que se debe pagar por las uvas de cada productor la toma un Comité de Viñateros; algunos entregan sólo 200 kilos anuales y están los que aportan unos tres mil. La visita a los productores no es tarea fácil porque están dispersos en toda la región en un radio de 30 kilómetros rodeados de montañas.

 

 

La Bodega Comunitaria Los Amaichas cuenta con el apoyo del área de de Agricultura Familiar de la Secretaría de Agroindustria. El ingeniero agrónomo Vicente López Curia conoce el proyecto de cerca. Vio cómo se fue sumando a los viejos parrales de uva criolla, la “uva fina” del Malbec con espalderos. Y fue asesorando en todo el proceso desde el vino patero al vino fino, con la incorporación de máquinas moledoras, despalilladoras, prensas y llenadoras.

“Ellos hacen vino desde hace 300 años. Saben el proceso y el cultivo del parral, pero quizá no conocían tanto del manejo y del acompañamiento que necesita la cepa fina. ¿Cómo acompaño el proceso? Convoco a los productores a distintos lugares para una reunión técnica y luego visito los viñedos del lugar, además de estar en la cosecha y la poda”, cuenta el agrónomo, que también se mostró preocupado por los recortes presupuestarios de su área en Tucumán.

Orgullo calchaquí

 

López Curia dice que el proyecto va mucho más allá de la producción y comercialización de botellas. “El vino de la bodega es un orgullo para todos ellos porque significa una carta de presentación ante la sociedad. Llevar su vino implica llevar su cultura. Todos los años lo presentan en la Casa de Tucumán en Buenos Aires, con un rito que incluye a la Pachamama. Con el pretexto del vino, muestran su cultura”, analiza.

 

 

En la actualidad, Gabriela Balderrama combina su trabajo en la bodega con su oficio de docente, al igual que los otros integrantes del proyecto. Con entusiasmo, cuenta que su sueño es poder vivir de un emprendimiento propio. “Sería óptimo que esto no sólo sea una pequeña ayuda sino algo propio. Y nos gustaría poder manejarlo exclusivamente nosotros. La bodega no sólo impactó en la economía de los productores. También tuvo una repercusión en el turismo de nuestra comunidad”, contó.

Amaicha del Valle siempre fue un lugar de paso dentro del mapa turístico del norte argentino. Los  viajeros pasan por el Museo Pachamama y por la Ruina de los Quilmes y luego siguen hacia Tafí del Valle o Cafayate en Salta.

 

 

El sol es un disco dorado que se esconde detrás de las montañas y nuestra guía abandona el salón central de la bodega porque allí darán una capacitación. La vendimia de Malbec se hará a mediados de febrero. En un poblado con economía rural y primaria, la bodega genera esperanza en Amaicha del Valle. Buscan el “buen vivir” y quieren hacerle honor al nombre de su vino. Y a sus ancestros que parecen volver a la vida en cada reunión del Consejo de Ancianos.

 

Bodega Las Arcas de Tolombón

 

 

 

 

El desarrollo vitivinícola de Las Arcas de Tolombón comenzó en 2007. Tras un primer intento por cultivar alcaparras -que en los papeles se presentaba como la planta ideal por las condiciones geográficas-, la tierra sedienta del valle expresó su sed de vino; para el desarrollo vitivinícola el Ingeniero Alberto Guardia, su director, integró un equipo comandado por el enólogo Carlos Escudero y el Ingeniero agrónomo Juan Leoncio Goitia, con una basta experiencia en la apasionante industria vitivinícola. Su nombre une el tradicional designio de finca Las Arcas, con su ubicación en la histórica capital del Valle del Yocavil preshispánico, epicentro de la Región del Tucumán (o Tucumanhao).

 

 

 

En su Campo Ishanka, a 1750 m.s.n.m. coexisten la bodega de 1.000.000 litros de capacidad de vasija, que conjuga conceptos incaicos para la orientación de sus naves con un diseño espacial de gran estabilidad térmica, inspirado en las construcciones del África subsahariana logrando un óptimo acondicionamiento bioclimático; con 33 hectáreas de viñedos distribuidos entre los 1.750 y los 3.000 metros sobre el nivel del mar, en los cuales se producen uvas Malbec, Cabernet Sauvignon, Torrontés, Tannat, Petit Verdot y Cabernet Franc.

 

 

Sus vinos Siete Vacas y Siete Vacas Reserva, han sido premiados con medallas de oro y plata en concursos internacionales para sus variedades Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y Torrontés. Están presentes en el mercado interno e internacional en Estados Unidos, Brasil y Noruega. Las Arcas de Tolombón se destaca por la calidad de un equipo de trabajo que recibe día a día los visitantes interesados en conocer su funcionamiento y degustar sus vinos, en el imponente marco de la belleza natural, cultural e histórica del Valle Calchaquí tucumano.

 

Bodega Altos de la Ciénaga

 

 

Colalao del Valle forma parte de lo que se conoce como el Valle Calchaquí tucumano. Surcado por el río Santa María (el único en Sudamérica que corre de sur a norte), delimita al oeste con las sierras de Quilmes (o del Cajón) y al este con el sistema Aconquija-Cumbres Calchaquíes. Es un valle con escasa vegetación, el clima es desértico y los suelos son mayormente pedregosos y muy permeables. Estas características los vuelven fácilmente erosionables tanto por el viento como por el agua, tendiendo a la desertificación.

 

 

Luis Rolando Díaz, el Rolo, creció entre damajuanas y cajones de uva. Su Padre, Don Javier Díaz, tenía un pequeño viñedo poblacional con uva Torrontés, moscatel, cereza y algo de uva francesa como se la conocía a las tintas de origen europeo, y elaboraba un vino patero que vendía en damajuana en su pueblo, Colalao del Valle. En ese transitar, el pequeño Rolo Díaz fue aprendiendo el oficio al tiempo que ayudaba a Don Javier en la elaboración de ese vino patero.

 

 

Muchos años después, más precisamente en 1994, el Rolo cumplió su sueño de continuar con la tradición familiar. Con el apoyo de su hermana Cristina y reciclando las viejas instalaciones que utilizara su padre en la casona familiar, fundaron Altos La Ciénaga. Cristina es quien se ocupa de las cuentas, los insumos, la comunicación, las redes sociales y todo lo demás. El Rolo atiende los viñedos y, por supuesto, elabora los vinos.

 

 

Altos La Ciénaga está ubicado en un pueblito tucumano llamado Colalao del Valle. Para llegar hasta la bodega del Rolo partiendo desde San Miguel de Tucumán, hay que atravesar la belleza de Tafí del Valle y subir hasta el Infiernillo para luego comenzar el descenso hacia Amaicha del Valle, la puerta de entrada a esa región de los Valles Calchaquíes. Finalmente, siguiendo por la ruta 307 se empalma con la mítica 40 hasta llegar a Colalao del Valle. Basta con preguntarle a cualquiera y te van a indicar que ahí nomás, haciendo esquina con la plaza principal del pueblo, se encuentra la casa familiar de los Diaz y unos metros más allá, la bodeguita.

Cerca de La Ciénaga se encuentra el viñedo de La Puerta, la apuesta al futuro de Altos La Ciénaga. Las jóvenes cepas de Riesling allí plantadas, apenas un cuarto de hectárea, ya comienzan a dar sus frutos y el Rolo Díaz espera tener su primera vendimia en 2021. A esto se le suma el desafío de plantar un poco más arriba, en un puesto conocido como El Toro.

 

 

El perfil del suelo de estos viñedos de altura es heterogéneo, con un perfil franco arenoso que predomina en la superficie y a poca profundidad se encuentran las grandes rocas cubiertas de calcáreo. A pesar de ser suelos muy pobres, el Rolo no utiliza agroquímicos tales como fertilizantes o nutrientes. De ser necesario, acompaña el crecimiento de las cepas con algo de abono foliar.

Los vinos que surgen de ese lugar son muy particulares y por eso cobra sentido estudiar con profundidad las características del terroir. El Rolo realiza un seguimiento de los diferentes sectores de su viñedo para entender la relación entre el suelo y la productividad. Su curiosidad y sus deseos de aprender lo llevaron a instalar un termómetro digital y desde hace un año realiza mediciones de temperaturas máximas y mínimas para conocer la amplitud térmica de su viñedo. También tiene proyectada la excavación de calicatas para estudiar con mayor detalle la composición del suelo.

 

 

Los vinos de Altos La Ciénaga son sumamente expresivos e intensos, con la fruta mordiente, redondos y de gran carácter, buen cuerpo y buena acidez. En aquellos que tienen paso por barrica, la madera está bien integrada sin opacar la fruta. Con el tiempo, aquella rusticidad de las primeras cosechas fue migrando hacia una mayor elegancia y frescura sin perder la identidad calchaquí.

 

 

Altos La Ciénaga tiene dos líneas de vinos: Don Javier y Altos La Ciénaga. Don Javier nació como un homenaje a su padre y tiene tres etiquetas: un Torrontés, un Torrontés dulce y un Malbec. Altos La Ciénaga está compuesta por un blend (Malbec, Syrah y Tannat en partes iguales en el que predominan los aromas a fruta negra y aceitunas), tres reserva (un Tannat, un Syrah y un corte de ambos), una microvinificación de Tannat (muy bien domado, delicado y fresco) y el recientemente lanzado al mercado Syrah joven sin paso por barrica.

 

 

Emilio R. Moya

 

 

 

Fuentes: acercatealvino.com.ar, lonelyplanet.com, hotelgardenpark.com.ar, descubritucuman.com.ar,  serargentino.com, americalatina.travel
Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

NODO norte

Un suplemento del Diario La Capital