LA DIETA VIKINGA

DERRIBANDO PREJUICIOS Y MITOS

 

La noción común que se tiene sobre los vikingos, de aventurados marineros y excepcionales guerreros nórdicos, nos lleva a imaginar a hombres barbudos, salvajes, desgarrando con sus dientes pedazos de carne cruda y levantando jarras en forma de cuernos con cerveza fangosa. Sin embargo, los escandinavos tenían una dieta bastante avanzada.
La cocina nórdica utiliza ingredientes sostenibles, regionales y de temporada. Y aunque en el norte el clima sea frío y haya poco sol, disfrutaban de bayas, tubérculos, legumbres, col, papas, hongos, cereales y pescado. Esta dieta está ganando espacio en el mundo culinario y podría hacer frente a otras tendencias de moda hoy, como la ‘dieta paleolítica’.

 

 

¿QUÉ COMÍAN LOS VIKINGOS?

Es difícil saber qué comían los vikingos exactamente, cómo preparaban la comida y cómo combinaban los alimentos. Se conoce con bastante exactitud qué materias primas tenían a su disposición y, junto a la información recopilada gracias a los hallazgos arqueológicos referente a los utensilios que utilizaban, podemos deducir algunos datos para intentar responder estas preguntas y especular sobre como era su dieta.

 

En aquella época, en general, las familias eran autosuficientes y se alimentaban de los productos que eran capaces de producir por ellos mismos en sus campos y granjas, recolectar o cazar en los bosques y pescar en ríos y el mar.

 

En aquella época, para la mayoría de la población, el menú diario estaba constituido por papilla de cebada o avena, pan de centeno, manteca y queso. Como alimentos calientes podemos destacar principalmente las sopas y los guisos de carne, pescado y verduras, aderezados con hierbas aromáticas que cultivaban ellos mismos o recolectaban en el bosque.

 

Los alimentos principales más destacados qué comían los vikingos son:

Carne:

De las granjas consumían cerdos, ovejas, caballos, cabras, aves de corral, como gallinas y gansos,  y sus huevos. Provenientes de la caza ciervos, liebres, jabalíes, aves silvestres y, especialmente en el norte de escandinavia, renos, focas y ballenas.

 

 

Pescado:

Arenque, salmón, bacalao, mejillones y ostras.

 

 

Verduras, frutas y bayas:

Guisantes, coles, cebollas, ajos y puerros que ellos mismos cultivaban. También recolectaban en los bosques raíces, tallos, frambuesas, arándanos, moras… Las frutas que tenían a su disposición eran las manzanas, escaramujos, endrinas, ciruelas, cerezas y bayas de saúco.

 

 

Cereales:

Especialmente cultivaban centeno y cebada. El trigo era más raro, pero también lo conocían.

 

 

Productos lácteos:

Leche, manteca, quesos y suero.

 

Hierbas culinarias:

Plantaban berro, comino y mostaza, y recolectaban mirto de pantano, tomillo, milenrama, angélica y enebro.

 

 

Otros productos:

Aunque era difícil de conseguir, utilizaban la miel como edulcorante. Importaban sal de los países bálticos o la producían evaporando agua del mar.

 

Bebidas alcohólicas:

También fabricaban distintas bebidas alcohólicas como hidromiel o aguamiel, confeccionada a partir de la fermentación de la miel, y cerveza elaborada con cebada y condimentada con lúpulo.

 

Es típica la imagen de los vikingos ingiriendo estas bebidas servidas en cuernos de vacuno vaciados. También conocían el vino, aunque no lo producían ellos, lo tenían que importar de otros territorios y era bastante escaso.

 

Preparación y cocción de los alimentos qué comían los vikingos

Gracias a los utensilios de cocina que los vikingos disponían en sus hogares y que los hallazgos arqueológicos han descubierto, podemos tener una idea de cómo elaboraban sus platos.

Los vikingos disponían de recipientes de madera, cuero y barro y sartenes de piedra y de hierro para asar o hervir los alimentos. También tenían herramientas para moler y tamizar las semillas de grano, para batir la mantequilla y tablas para amasar el queso. Y, por supuesto, un buen surtido de cuencos, cucharas y cucharones, pequeñas hachas y cuchillos. Lo que no tenían era tenedores por lo que, los alimentos sólidos, los comían con las manos.

 

La forma de cocinar era asando o hirviendo la comida a fuego abierto, en un horno o calentando piedras en el fuego y introducidas en los recipientes de madera, cuero o barro donde se cocinaba la sopa.

 

Preparación de las provisiones

Las épocas más frías del año no tenían cultivos y era difícil conseguir alimentos provenientes de la caza o de la recolección. Se sacrificaba el ganado por que no podían conseguir suficiente forraje para mantenerlos todo el invierno. Conservaban toda esa cantidad de carne para alimentarse durante los largos meses de invierno. Una de las técnicas más utilizadas para mantener en condiciones los alimentos, era el secado, ya sea aprovechando el calor del sol en verano o dentro de las casas al lado del calor de los hogares. También ahumaban la carne o el pescado para su conservación. También conocían la técnica del salado, pero era menos habitual debido a que no disponían de yacimientos naturales de este mineral. No les quedaba más remedio que extraer la sal de la evaporación del agua del mar o importarlo de otros países.

 

 

Según el Centro Vikingo de Ribe en Dinamarca —un asentamiento que reconstruye la cultura vikinga, incluyendo la vestimenta, el estilo de vida y la alimentación— los vikingos en realidad tenían una amplia gama de alimentos para elegir. Sorprendentemente, disfrutaron incluso de delicias importadas como los duraznos o la canela. Pero en general, los escandinavos no eran proclives a comer grandes cantidades de productos extranjeros y preferían lo local. Como, por ejemplo, el queso fermentado similar al yogur que aún se produce en Islandia y que a veces se comercializa en el extranjero.

 

Los banquetes nórdicos medievales estaban llenos de carnes, aves silvestres y productos lácteos ya que, además de poderosos guerreros, los vikingos eran hábiles pastores, cazadores y pescadores. Tanto la carne como el pescado se ahumaba, secaba o salaba en verano y otoño para asegurar suficientes provisiones para los largos meses de invierno o para abastecerse durante las lejanas redadas alrededor de Europa.

Y es que mucho antes de que aparecieran los supermercados, el menú diario de los vikingos dependía enormemente de las estaciones. En invierno, la dieta escandinava medieval contenía una alta proporción de proteína animal, pescado y pocas hierbas silvestres. Durante el verano, su plato era mucho más diversificado e incluía una variedad de bayas, manzanas, ciruelas, cerezas, grosellas, frambuesas, así como tubérculos y verduras, indica el Museo de Historia Cultural de Oslo, Noruega. La geografía también desempeñó su papel en la variedad de cada región. Por ejemplo, en Groenlandia la carne de foca era un plato común.

El pan lo hacían con cebada, centeno, legumbres y, más raramente, trigo. En cuanto a las bebidas, preparaban una cerveza hecha con cebada y aguamiel (miel fermentada y agua) y el ‘bjorr’, una especie de licor fuerte hecho con jugo de fruta fermentada.

Si bien un plato vikingo ordinario no era muy sofisticado, tampoco era tan primitivo como se suele creer. La mayor parte de su comida era cocinada sobre fuego abierto o una chimenea. Su sabor era comúnmente mejorado con cebolla, ajo, perejil y el eneldo, los cuales incluso hoy siguen desempeñando un importante papel en la cocina nórdica. Además, con el tiempo, los vikingos se familiarizaron con el aceite de oliva, al que conocieron durante sus redadas al sur de Europa.

 

 

 

 

Emilio R. Moya

Fuentes: vikingos.org, mundo.sputniknewa.com
Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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