El mercado de los alimentos imperfectos se reinventa para potenciar la sostenibilidad en la alimentación

La estampa es clara. Una frutería de barrio concurrida, con sus cajas de frutas: naranjas, ciruelas, manzanas, plátanos… La gente se afana por comprar los mejores productos después de que el proveedor haya rellenado los estantes, y mientras que las mujeres y hombres lo hacen, las frutas que tienen pequeños desperfectos van quedando relegadas.

 

 

Estas son las frutas que acaban vendiéndose a precios reducidos para que no acaben en el cubo de la basura, pero ni aún así se logra evitar el desperdicio.

La frutería de barrio puede operar así porque cuenta con la fidelidad de su clientela, que semana tras semana vuelve al mismo establecimiento para conversar sobre el devenir en la barriada y recoger los productos de la huerta más frescos, que se utilizarán luego en las cocinas familiares.

Estas pérdidas asumidas, no son vistas con buenos ojos por las grandes superficies y cadenas dedicadas al comercio de comida, que suelen evitar en primera instancia la compra de estos alimentos «defectuosos». Y entrecomillamos porque, pese a que las frutas y hortalizas tengan formas y colores extraños, pliegues o costras, sus características nutricionales permanecen sin cambio. Ya nos los decían nuestros abuelos: «no se puede juzgar un libro por la fachada»

Pero no aprendemos, y por ello ha surgido todo un entramado empresarial que se empeña en sacar rendimiento económico a estos productos subóptimos. Las naranjas poco aparentes acaban convertidas en zumo. Los pimientos y pepinos que no llegarían a las cestas de los consumidores son transformados en gazpacho. Las zanahorias se hacen puré o se tallan para reconvertirlas en la versión que se comercializa como baby.

La búsqueda de posibles usos para estos vegetales poco agraciados no responde a razones de responsabilidad social o sostenibilidad en la alimentación. No. Es simple y llanamente un resultado del capitalismo: se detecta un recurso infravalorado, se transforma y se oferta a un precio mayor. Así, muchas personas añaden a sus cestas de la compra productos obtenidos usando ingredientes estéticamente tarados sin llegar a saberlo jamás.

Ahora, las circunstancias están mudando.

En un clima en el que el consumidor demanda cada vez más información y en el que el planeta necesita ser salvado de nuestras propias acciones, un colectivo en constante crecimiento demanda que estos alimentos lleguen a las mesas de los comensales.

Algunas estimaciones indican que el primer mundo desperdicia el 50% de toda la comida que produce, mientras que una parte de la población global no puede comer todos los días. Hay ineficiencias logísticas, pero también culturales. Como ya hemos indicado, esas mandarinas con costra no tienen nada malo, son simplemente diferentes. Y lo mismo ocurre con los tomates, las cebollas o lo que se tercie.

Para combatir los desperdicios culturales están surgiendo todo tipo de compañías que se dedican a ofrecer cajas de alimentos imperfectos a todos aquellos que los quieran recibir. Iniciativas como Misfits MarketImperfect Produce o Hungry Harvestnacen de la necesidad de una mayor sostenibilidad en la alimentación.

La nueva alternativa, disponible para aquellos con una concienciación social firme y amor por el medio natural facilitará además que los pequeños productores locales, cuyas cosechas quedan a menudo muy mermadas tras retirar los vegetales que no tienen buen parecer, dispongan de márgenes de beneficio mayores que les permitan operar de forma independiente sin recurrir al auxilio del monopolio de los agronegocios.

¿Qué quiere decir esto? Uso de variedades locales, minimización de los transportes, empleo de agentes de control biológico en vez de pesticidas genéricos y un largo etcétera de beneficios medioambientales más.

Aunque las intenciones de estas nuevas empresas son muy positivas, han levantado algunas ampollas en las últimas semanas.

La científica agrónoma Sarah Taber ha criticado que este no es un buen camino para salvar al planeta de la sobreproducción, pues la industria alimentaria actual es tremendamente eficiente a la hora de utilizar este tipo de alimentos imperfectos. Se echa en cara además que estas cajas de vegetales con defectos se promocionan de cara a clases acomodadas que pueden permitirse el lujo de pagar más para contribuir a cuidar el medio ambiente; es decir, una suerte de impuesto de responsabilidad social.

La contrarréplica no se ha hecho esperar. Desde Misfits Markets aceptan algunas de las críticas lanzadas, pero anotan que sus operaciones se enfocan al pequeño productor que a menudo queda fuera de los planes de aprovisionamiento de las industrias alimentarias que compran los ingredientes primarios por toneladas. Así, efectivamente están mejorando la tesitura agrícola, sin que haya lugar a negarlo.

Sin embargo, no todas las empresas tienen el mismo sentimiento. En el caso de Imperfect Produce, el modo de operación de la compañía es directamente responsable del cierre de una granja y cultivo orgánico, Terra Organics de Washington. Este productor era proveedor regular para Imperfect Produce. Por desgracia, dicha empresa no declaraba la misma lealtad, comprando en algunas ocasiones al por mayor a grandes superficies, algo que terminó sentenciando la viabilidad del negocio productor.

Los restaurantes también tienen mucho que decir en lo que al uso de alimentos imperfectos respecta. Dado que en el restaurante los ingredientes se entregan altamente transformados al consumidor, siempre cabe la posibilidad de hacer gala de responsabilidad social y tirar de sostenibilidad en la alimentación haciendo uso de esas hortalizas menos agraciadas y esas frutas que uno no se comería a primera vista.

Cada pequeña contribución cuenta a la hora de hacer de nuestro planeta, nuestro hogar, un lugar mejor.

En el caso de Imperfect Produce, el modo de operación de la compañía es directamente responsable del cierre de una granja y cultivo orgánico, Terra Organics de Washington. Este productor era proveedor regular para Imperfect Produce. Por desgracia, dicha empresa no declaraba la misma lealtad, comprando en algunas ocasiones al por mayor a grandes superficies, algo que terminó sentenciando la viabilidad del negocio productor.

Imperfect Produce

Por Redacción de Diego Coquillat (Madrid)

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Editorial Diario La Capital

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