CINCUENTA AÑOS ¿NO SON NADA?

 

CINCUENTA AÑOS ¿NO SON NADA?

 

 

Buen domingo estimados lectores. Carlos Gardel, el zorzal criollo, inmortalizó aquella frase del Tango “Volver”, “…que veinte años no es nada”. En ella se patentiza una realidad fácilmente perceptible, sobre el paso del tiempo.

Sin embargo, si el período a tener en cuenta es mayor, por ejemplo cincuenta años, tampoco la percepción, cambiará demasiado.

 

 

Sobre todo si ustedes, queridos lectores, han sido testigos conscientes de esos cincuenta años, como es mi caso. Y se encuentran de golpe, con que los hechos vividos comienzan a cumplir las famosas Bodas de Oro con la humanidad. O a superar esa barrera y adentrarse en su segundo medio siglo de vida.

Así semana a semana, uno se encuentra con “los cincuenta años de…” un sinnúmero de hechos. Que van del Milagro de la Cordillera a la publicación de un libro o la salida de un disco célebre.

Ciertamente, al evocar nuestra impresión como testigos de aquellos hechos en tiempo real, la frase parece convertirse en una certeza. Sin embargo no existe nada más engañoso, que las certezas. Ni mejor herramienta para enfrentarlas, que la sana crítica.

 

 

Y nada mejor en nuestro caso que una simple ensalada, para poder demostrar la falsedad que entrañan las palabras, de la citada frase. El origen etimológico de la palabra ensalada,  proviene del término latino herba salata ,que utilizaban los romanos para denominar la manera de consumir los vegetales en crudo, aliñados con agua y sal.

 

 

En cincuenta años, no sólo ha cambiado radicalmente, el rol de las ensaladas en nuestra forma de alimentarnos, sino hasta la forma en que las preparamos, los condimentos con que las aderezamos, y las ensaladas que elegimos.

 

 

A finales de la década de 1960, nadie preguntaba cómo quería que le aliñen la ensalada, ni mucho menos qué ensalada quería para acompañar un asado. Eran los tiempos de las ensaladas mixtas: lechuga, tomate y cebolla, para todo el mundo.

 

LA DÉCADA DE LOS SETENTA

 

La rebeldía de los setenta, llegó con su impronta para empezar a cambiar las cosas. Y trajo consigo una nueva ensalada, que se adueñó rápidamente de la cancha: la ensalada de radicheta y ajo.

 

 

Eran años en que en los restaurantes todavía se fumaba, y las grandes marcas competían en el diseño de ceniceros, para llevar su presencia a cada mesa.

 

 

En el centro de la mesa, la aceitera-vinagrera y el salero, omnipresente, en un país como Argentina, en el que los picantes no forman parte del repertorio gastronómico.

 

 

A nadie se le había ocurrido todavía, que el aceite podía no ser el de girasol o que el vinagre podía ser reemplazado por otro condimento.

 

LA DÉCADA DE LOS OCHENTA

 

 

La llegada de los años ochenta, además del Pop, trajo la llegada de una nueva ensalada que iba a relegar al olvido, a la radicheta con ajo.

 

 

Y a romper con la hegemonía de la aceitera-vinagrera. Se trataba de la ensalada de zanahoria y huevo duro, con aceite de maíz y jugo de limón.

 

Así, de un día para otro, irrumpieron los envases de aceite, envueltos en una servilleta blanca, a modo de taparrabos, para que el comensal estuviera seguro del carácter y marca del aceite. Y el platito de café con leche de loza blanca, con tres o cuatro rodajas de limón.

 

 

Y el ajo, fue relegado hasta nuestros días, al ostracismo ensaladeril, neologismo al margen.

 

 

LA DÉCADA DE LOS NOVENTA

 

 

Los años noventa, además de las privatizaciones, trajeron al centro de la escena un nuevo protagonista: el aceite de oliva. Y la proliferación de nuevas ensaladas que luchaban entre sí, por el control de la mesa.

 

No tenían la fuerza suficiente, para desafiar a la ensalada de zanahoria y huevo, pero si el germen de la diversidad que iba a estallar en el siglo XXI. La irrupción del aceite de oliva, trajo consigo la necesidad de incluir una mesita de apoyo para servir las ensaladas, ya que ahora había tres aceites en pugna: el de la aceitera-vinagrera, de girasol, el de maíz envuelto en su taparrabos blanco y el recién llegado, desnudo por completo.

 

 

Y para complicarle aún más las cosas a mozos y mozas, el vinagre para no ser menos que los aceites, empezó a dejar de ser únicamente de vino, al ingresar tímidamente, el vinagre de manzana.

 

 

LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XXI

 

 

Los primeros años del nuevo siglo, además de la estatización de las privatizaciones, marcaron rápidamente la cancha, con una nueva ensalada, que aún hoy se enseñorea en el centro de las preferencias: la de rúcula y parmesano.

 

 

Entró pisando fuerte, y en cuestión de años, no solo se transformó en principal opción, sino que impuso su nombre hasta en una zona tradicional de Buenos Aires: el actual Palermo Rúcula.

 

 

Pero no vino sola, ya que de su mano y vinculado por estrechos lazos, apareció como Pedro por su casa, el aceto balsamico di Modena.

Como buena especie invasora, arrasó con todos los vinagres, con el jugo de limón y de un día para el otro, se volvió imprescindible. Ningún foodie que se preciara, podía elegir como condimento ácido de las ensaladas, otro aliño.

 

LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XXI

 

 

A cincuenta años de la ensalada mixta, como complemento del asado, hoy asisto a la revolución veggie.

 

 

No solo las ensaladas son protagonistas, sino que además, el asado empieza a ser una dulce nostalgia. Ya no es posible fumar, no solamente en los restaurantes, sino en casi ninguna parte. La aceitera-vinagrera, está reservada a muy pocos y selectos bodegones.

 

 

La ensalada mixta, ha dejado de existir tal como la conocimos, ya que ahora cualquier combinación de dos a más verduras, es una ensalada mixta.

Y cuando todos pueden aspirar a ser algo, ese algo, deja de ser un que, para ser un como sí. Y cualquier cacatúa, sueña con la pinta de Carlos Gardel.

 

 

Así, queridos lectores, en un breve sobrevuelo sobre las ensaladas, he querido mostrarles que cincuenta años, también son algo.

 

 

Que las certezas son bastante engañosas, y que, como señaló Francisco Sánchez en 1576,  quod nihil scitur, que nada se sabe, sin ponerlo antes en duda.

Y lo hubiera logrado en sólo mil palabras, de no haber sido por incluir este cierre, ya que hasta el párrafo ante precedente, había utilizado 990.

Hasta el domingo.

 

 

 

Emilio R. Moya

 

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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