LA MAGIA DE LA MEMORIA

LOS ALIMENTOS QUE NO ME GUSTAN

 

Para los que ya hemos pasado los sesenta y aún conservamos una memoria de elefante, el pasado se va transformando en algo tan cambiante como el futuro. Esto ocurre porque nuestra memoria decide independizarse de nuestra voluntad de recordar y basta que nuestros sentidos o nuestra conciencia registren cualquier pequeño estímulo, para que salga disparada años o décadas hacia atrás y nos presente acontecimientos y vivencias tan reales como si pertenecieran al presente. Un olor, un sabor,  un paisaje, algo que escuchamos, una frase que leemos y se produce un flash back que nos deposita en otro tiempo y espacio.

 

Las otras noches escuchando en radio a Alejandro Dolina y Patricio Barton en “La Venganza será Terrible” comencé a reírme a carcajadas con un informe sobre las comidas más aburridas. Lo notable era que a medida que ellos iban avanzando, empecé a sentir que sabía lo que iban a decir antes que lo dijesen. Y me empezaba a tentar antes de que hablaran. Con lo que “ya sabía” que iban a decir. Unos segundos después se produjo el flash back y recordé todo.

 

Mikel López Iturriaga

 

Hace unos diez años había leído ese informe, escrito por Mikel López Iturriaga, amigo de esta página, en El Comidista del diario El País de Madrid y me había reído tanto como esa noche. Y el recuerdo estaba asociado a con un artículo de esa misma época en la revista Planeta Joy sobre las comidas que menos soportan los argentinos.

 

 

Recordaba todo con lujo de detalles. Las coincidencias y las disidencias, pero sobre todo lo que me había reído.

 

SOBRE GUSTOS NO PUEDE HABER DISPUTAS

 

 

 

Al volver al presente terminé de escuchar el programa y me quedé pensando en escribir una nota sobre las comidas más aburridas y menos soportables. Pero como siempre he sostenido que “de gustibus non est disputandum”, obviamente debía ser una nota en primera persona. Es decir sobre las comidas que me resultan menos apetecibles, más insulsas o directamente abominables. Una vez resuelto a ello, lo primero que hice fue verificar la exactitud de mi memoria. Busque entonces cuándo se publicaron dichos artículos. El de Mikel, el 16 de febrero de 2011 y el de Planeta Joy fue una encuesta entre 2000 lectores que publicó La Nación el 10 de febrero de 2011. Así que me quedé helado. La exactitud de los recuerdos asociados era sorprendentemente exacta.

A continuación, amable lector, paso a enumerar las alimentos que más aborrezco, que menos me atraen, que trato de evitar, que solo comería en caso de naufragio, apocalipsis zombie, o tsunami.

 

LOS ALIMENTOS QUE MENOS ME GUSTAN

 

 

 

GALLETAS DE ARROZ INFLADO

 

Compuestas íntegramente de aire envuelto en pequeñas celdas de algo parecido al plástico, tienen como única función engañar el estómago de personas que quieren adelgazar. Estos discos gigantes carecen de calorías, de olor, de sabor, es decir: carecen de todo. Son la nada, hecha alimento. Tienen la capacidad de absorber cualquier delicia que se unte encima de ellas y transformarla en un amasijo informe. Es increíble que la industria haya podido transformar algo tan delicioso como los copos de arroz inflado azucarados de nuestra infancia, la vieja y querida “tutuca” en este engendro demoníaco.

 

MANZANA AL HORNO CON EDULCORANTE

 

El postre más triste de toda tristeza que la mente humana haya podido concebir. La piel queda amarronada, acartonada y ajada, y el interior, blando y aguachento. Para completar el cuadro, el sabor metálico de la sacarina u otros endulzantes artificiales se llevan el último resto de sabor a manzana que podía quedarle. En algunos hospitales, tal vez en un intento por levantar la moral del enfermo, le colocan una cereza roja. Eso me deprime aún más, ya que me trae el recuerdo de los payasos de circo que se ponían la nariz roja de plástico, para disimular su tristeza mientras recibían las cachetadas de los otros payasos.

 

TOFU (SOLO)

 

Adoro la cocina asiática. La considero la más refinada y delicada de todas las tradiciones culinarias. Y en ese contexto, el tofu salteado, laqueado, rehogado o condimentado es delicioso. Pero el tofu a secas, o agregado en una ensalada o flotando en cubos en una sopa vegana a la argenta, me resulta absolutamente insípido, inodoro, insulso e incomible. Una masa sosa, blandengue, cuasi gelatinosa. Que agregan a las ensaladas como si se tratara de muzarella de búfalo o a las sopas como si fuera queso parmesano. Y mejor no hablar de aquellos que lo sirven en dados como entremés, como si se tratase del mejor sardo aliñado.

 

TALLOS DE APIO CRUDO

 

Su fuerte sabor posee la capacidad de anular el de cualquier otro ingrediente que le pase cerca. Tampoco me gusta su tacto fibroso en la boca, y tengo la impresión de que las únicas personas que se lo comen con verdadero placer son las modelos y las actrices que están sometidas a dietas que las llevan al borde de la muerte por inanición. Una cosa es comerlo finamente picado, luego de quitarle las fibras con un pela papas, y mezclado en una proporción mínima en una ensalada  y otra muy distinta, usarlo como tentempié. No lo paso ni con queso roquefort, lo que es mucho decir ya que amo el roquefort.

 

LECHÓN DE LAS ISLAS A LA PARRILLA

 

Lechón asador

Si hay gente buena y hospitalaria, esos son los isleños del litoral del Paraná. Nobles, generosos y mejores anfitriones, es imposible negarse a sus convites. Eso me llevó a probar una vez el lechón criado a pescado de las islas. Y a jurarme a mí mismo, no volver a hacerlo. Uno no sabe si está comiendo un sábalo gigante hiper grasoso, un chancho frito en aceite de soja junto con una tonelada de surubí, una foca o un oso polar. El sabor a pescado mezclado con el sabor a grasa de cerdo es tan persistente que 48 horas después sigue presente en boca. Y el hígado puede tardar en procesarlo una semana.

 

SALMÓN ROSADO DE CRIADERO AL VAPOR

 

El salmón rosado puede ser delicioso. Cuando procede de capturas naturales o de los mares del norte. Pero aquí coincido con Mikel, entre las cosas que más detesto está el salmón de criadero al vapor. Me encanta el salmón crudo, ahumado, teriyaki, o prensado con sal y eneldo. Pero odio el salmón de criadero. Especialmente al vapor. Concentra toda la grasa que acumuló por no haber podido nadar nunca más que ½ cm ya que un criadero de salmones es como un feedlot, pero de peces. Esa grasa es desagradable, de sabor a los piensos de pescado con que se alimentan y a los antibióticos con que se los trata para evitar las infecciones por las heridas por mordeduras. Y además porque no puedo evitar pensar que comerlo, es comerme a un caníbal.

 

PECHUGA DE POLLO A LA PLANCHA SECA

 

Si de por sí el filet de pechuga a secas no es muy divertido, si encima está hecho a la plancha y pasado de cocción hasta transformarse en un sólido trozo de cartón, para mí es incomible. La pechuga de pollo sellada en la sartén, perfumada con hierbas y terminada en el horno, entera, es una cosa. Pero hecha filet y recocida en la plancha otra muy distinta.

 

RIÑÓN DE TERNERA MAL CURADO

 

Me encantan los riñones al jerez, con cebollas o al vino tinto. Inclusive a la parrilla si están bien curados. Pero cuando son hechos a la parrilla sin curar y encierran en su sellado la última ingesta de líquido de la ternera, son muy desagradables. Si al cortarlo siento que puedo decir que su jugo es amarillo, de aspecto límpido y contiene proteínas, glucosa, cetonas, pigmentos biliares, urobilina y trazas de hemoglobina, me resulta asqueroso.

 

PURÉ DE CALABAZA DE SANATORIO

 

Típica comida de sanatorio. Sin condimento, sin aceite, sin manteca, sin gusto. Ni frío del todo. Ni caliente del todo. Guarnición omnipresente. Así esté muerto de hambre no lo comeré nunca.

 

GELATINAS DE FRUTAS

 

Reconozco que es una manía propia. Pero no las soporto. Ni de frutas, ni con frutas. Su textura me desagrada. Su sabor me desagrada. Todo en ellas me resulta desagradable.

 

 

Emilio R. Moya

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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