LA COCINA DEL INCONSCIENTE

SIGMUND FREUD, COCINERO

 

 

Sigmund  Freud fue el padre del psicoanálisis, pero no se negó al arte culinario, en parte practicándolo y  en parte describiéndolo. El libro ‘Las recetas del Dr. Sigmund Freud’ descubre las conexiones entre la gastronomía y los mecanismos de la mente humana. Nos encontramos con un Freud que pasó desconocido para muchos, y que al igual que tras los divanes, durante su vida, pasó también tiempo tras los fogones, de allí esta recopilaciones sobre “Las recetas del Dr. Sigmund Freud”, compilación de los Ingleses James Hillman y Charles Boer, provenientes de sus archivos, testimonios, y relatos de vida.

 

Un Freud, epicúreo o sibarita, ausente del entendido rigorismo académico, plasmó testimonios mediante recetas de sabores, gustos, y recuerdos de su infancia materna; pero también, de pacientes, y de colegas, a veces con alegóricas referencias en el epistolar nombre de recetas.

 

La palabra de Freud

 

“El yo vive una vida de indigestión, una vida sencilla con comida sencilla. Por eso, buena parte del arte culinario está dirigido a apaciguar los ataques de ansiedad y el sentimiento de culpa haciendo a un lado el efecto inhibitorio del superyó. Nada en mi experiencia ayuda, en esta terapia del apoyo del yo, aliviando las restricciones del superyó, más que un antiquísimo pharmakon: licor fuerte fermentado o destilado”. 

Son palabras de Sigmund Freud, el maestro del psicoanálisis. El doctor proponía que, para este tipo de casos, se preparara un Ponche superyóico, un brebaje a base de ron, huevos, leche, azúcar, nata montada y nuez moscada.

 

Freud en familia

 

El día de su compromiso con Martha

 

Con su hija Anna

 

Con su hija Sofía fallecida durante la Gripe Española en 1920

 

Con sus hijos varones en 1916., durante una licencia en el frente de guerra

 

Con sus nietos, hijos de Sofía en 1923

 

Almorzando con Anna en La Haya 1920

 

Revisando sus escritos

 

En su estudio, con su perra en 1937

 

Comida y psicoanálisis

 

El volumen recoge platos que el psicoanalista recopiló a lo largo de su vida. Así, junto las recetas de su querida mamá, también recoge otras comidas inspiradas en la escritora Lou Salomé o el psicoanalista Albert Adler, entre otros.

En la mayoría de ellas, muestra que la línea entre la cocina y los vericuetos de nuestra mente es verdaderamente fina. Una simple tarta de manzana se convierte para Freud en un increíble pastel edípico con el que fomentar una buena relación con las madres.

 

De la misma manera, la Ternera neurasténica, un simple plato de carne de vaca horneada con pimienta y guindilla, puede ser un plato bastante recomendable para aquellos enfermos con depresión.

Lo que no falta nunca en este peculiar libro es el humor. El lector no podrá contener la risa cuando, en su receta de tomates inconscientes, el célebre doctor compara a los hombres con la famosa hortaliza roja. Según Freud, lo que buscan las mujeres en los varones es “un tomate fresco y jugoso bien cosechado o, por lo menos, bien conservado”.

 

 

La carcajada también aparece cuando recomienda utilizar los coladores como retenedores anales. Según Freud, estos utensilios nos darán un agradable sentimiento de control si estamos preocupados por la cuenta del agua o el remanente que se va por la cañería.

 

Jung y su estómago

 

El recetario es también una oportunidad única para que el maestro del psicoanálisis nos desvele algunas anécdotas y cotilleos sobre aquellos grandes personajes que se cruzaron en su camino. Entre todos ellos, destaca Carl Jung, otro de los grandes del psicoanálisis.

 

A través de las palabras de Freud, somos conscientes del rencor que sentía el profesor por el que fue su discípulo más aventajado. El doctor no duda en definir la comida basura como Comida Jung o justificar los desmayos del que fuera su alumno como fruto de la contemplación de ciertos platos de la gastronomía italiana.

En definitiva, Las recetas del Dr. Sigmund Freud permiten acercarnos al maestro del psicoanálisis de manera más íntima. Alejado de sus grandes teorías, el libro nos dibuja a un hombre de gran sentido del humor con sus grandezas y debilidades.

 

Un libro para foodies

 

El libro de recetas de cocina de Sigmund Freud habría sido su máximo legado para nosotros, los foodies, si no se hubiera distraído con pacientes, ansiedades y artículos profesionales. Como él mismo dice: “Mucho se ha escrito sobre lo que dijimos; sin embargo, ni una palabra sobre lo que comimos”.

“¡Alegría! ¡Placer! ¡Deleite! Qué atractivas continúan siendo estas palabras para la humanidad. Es de conocimiento público que antes de comenzar el siglo  (aquí se refiere al siglo XX), cuando apenas había cumplido 40 años, ya había abandonado el placer sexual. Sin embargo, el destino quiso que mi muerte se pospusiera por lo menos otros 40 años. Entonces, ¿de dónde podía obtener placer? […] Sí, el principio de la vida es Eros, pero, ¿no podría ser que la organización primaria de lo erótico sea y permanezca oral por la última comida?

 

“Mis últimos años me han convencido de que éste es el caso. Las teorías que formulen mis discípulos deberán prestar más atención al erotismo oral. Y esto no se está haciendo. Mis teorías, basadas en descubrimientos realizados entre las décadas del 80 y 90 del último siglo (se refiere aquí al siglo XIX), se han convertido en recetas inconscientes. No podemos ignorar el hecho de que nuestros primeros casos hayan sido señoras rellenitas y bien alimentadas, y caballeros que comían tres o cuatro comidas abundantes por día. En Viena todos comíamos bien. Por supuesto que existía la represión sexual, pero por cierto que no la oral” […].

“Lástima que todo esto fue olvidado por la siguiente generación. Tantos [estadounidenses], tantos médicos que nunca han comido fuera de sus miserables cafeterías de hospital”. […]

Freud tenía clero que si el psicoanálisis caía en manos de la profesión médica, el arte culinario no tardaría en desaparecer del psicoanálisis y con él, todas sus raíces culturales. Los médicos no comen bien y han sublimado sus frustraciones orales en terribles advertencias contra las comidas sabrosas ahora llamadas «grasosas», contra el placer de la sal y el deleite del azúcar, contra las carnes rojas y la crema dulce, contra las salsas, la esencia en sí del arte culinario.

En cambio, debemos comer como las vacas y los caballos: vegetales crudos, cereales y comidas balanceadas.

La comida se ha vuelto peligrosa. Nos defendemos de ella en todas las formas posibles, en particular con dietas que son simplemente prohibiciones y, por lo tanto, sufrimos síntomas de todo tipo.

Cada día se están perpetrando neurosis traumáticas sobre las víctimas de la civilización en el comedor, en el restaurante y en el hogar. Comidas rápidas, salsas, colas y hamburguesas: ésta es la verdadera psicopatología de la vida cotidiana, no los deslices e inadvertencias de la pluma y de la lengua, no los pequeños malentendidos u olvidos, sino la mala comida.

Un anfitrión de nuevos órdenes histéricos, síntomas y ansiedades nos recibe con cada vuelta: bulimia, obesidad, alergias a las comidas, anorexia nerviosa, nuevas dietas, adicciones a las vitaminas y minerales, fobias a las comidas, paranoias carcinógenas, para no hablar de la nostalgia de las comidas “saludables”: Una buena paella, una deliciosa torta de chocolate o un asado a la llama con los mismos huesos de la horda primitiva, nuestros ancestros.

 

Tótem y Mandioca

 

El odio de los niños por los alimentos resbaladizos no tiene límites. La nata que se hace en la superficie de la cocoa caliente, la avena con leche sobrecocida, ver a uno de los padres tragándose una ostra, la baba de las hojas de repollo o ruibarbo demasiado hervidas, todo eso puede provocar un intenso odio y repulsión. De esto se puede derivar el odio por las criaturas escurridizas en la Biblia, por el sapo y la rana en los cuentos de hadas y, más tarde, por las perversiones del impulso sexual. A esta clase de objetos odiados pertenece la inocua fécula de mandioca, de modo que cuando se la sirve junto con la orden paterna: “¡Come lo que tienes en el plato!”, aparece una fuerte ansia parricida junto con el budín.

 

“A partir de esta experiencia, vivida en mi propia mesa con mis hijos, y relatada en el consultorio por pacientes de familiares que comen tapioca, ideé, en 1911 y 1912, mi teoría totémica de la cultura prehistórica y creencias primitivas: “El anciano de la horda” es asesinado por sus hijos que luego se lo comen, por lo general en estofado con tapioca -las pellas redondas provienen originalmente del almidón de la planta de mandioca de los trópicos primitivos, regiones conocidas como el ambiente natural de los caníbales”.

 

Los hijos conmemoran luego al padre del clan como el animal tótem de la tribu y se venera, por un sentimiento de culpa, en celebraciones rituales. Todos esos banquetes: pollo a la King, puré de papa, o mitades segmentadas de pomelo, todos platillos que se caracterizan por el desmembramiento y que representan el canibalismo primordial en forma simbólica.

 

La relevancia que tiene en la práctica cristiana el comer la hostia es demasiado evidente: comer el cuerpo del hijo del Hombre, el Padre encarnado, Dios, transformado en cordero que se sacrifica para pagar por nuestros “pecados”, no es más que una forma ritualizada de canibalismo.

 

El Recetario de Freud

 

De su recetario, o psico-recetas culinarias, encontramos:

* Pastel de Edipo, torta de manzana en evocación de su madre, para tener buena relación con las Madres. Con este pastel, se dio cuenta del amor a la madre y de los celos al padre.

* Cómo mejorar su autoestima con un “Ponche superyoico”, preparado con huevo, ron, leche y azúcar.

 

* “Lengua con salsa afasia”, para mejorar la relación con su pareja, compartidos con unos “Fettuccine libido”, salsa elaborada con crema de leche, parmesano, arvejas y jamón, aconsejando, además, que fuese homosexual el cocinero (sic).

 

* “Ternera neurasténica” o un “Revuelto neurótico”, para sorprender a la Suegra.

 

* “Tomates inconscientes” se compara al hombre con esta hortaliza. Para Freud, lo que las mujeres buscan en los hombres es “un tomate fresco y jugoso bien cosechado o, por lo menos, bien conservado”.

 

* Si su caso es grave, dice, quizás necesite, un “Pastel trauma de nacimiento”…

En “La cocina del inconsciente”, el padre del psicoanálisis hace revelaciones íntimas sobre sus preferencias y particularidades gastronómicas -de él y de sus amigos-. Aquéllos que sólo conocen el erotismo oral en teoría, ahora podrán hacerlo, como lo hizo el doctor Freud, en la intimidad de la cocina, con la primera entrega de una selección de sus secretos de cocina.

 

Receta Pastel Edípico.

 

Freud y su madre, a los 16 años

 

“Cuando registré por primera vez esta modesta receta del pastel edípico, no me daba cuenta de cuánto duraría, ni del cliché en que estaba destinada a convertirse en todas las cocinas. El pastel es comestible, pero su fama increíble”. Muy modesto como se ve.

Y sigue explicando: En octubre de 1897, mientras ahondaba cada vez más en las fuentes de mi propia neurosis y le enviaba teorías a mi amigo Wilhelm Fliess en Berlín, recordé la desesperación de mi niñez, llorando desconsoladamente porque no hallaba a mi madre por ningún lado. Pronto descubrí que el amor por la madre y los celos hacia el padre era un fenómeno general de la primera infancia”.

“¡Qué fórmula tan simple! Sin embargo, pasó mucho tiempo antes de que reconocieran la simpleza del pastel edípico. Nadie puede resistirse, porque tal como le dije a Fliess, “cuando niño, cada uno fue alguna vez un pastel edípico en la fantasía”.

 

Mezcle 1 taza de azúcar,

2 cucharadas de harina

1 pizca de sal

Varias manzanas cortadas, peladas y sin corazón

½ taza de uvas pasas

½ taza de nueces picadas

3 cucharadas de ron oscuro

½ pan de manteca derretida.

Mientras tanto, y mucho mejor si ella está observándolo hacer todo esto, pídale a su madre su receta favorita para masas de pastel y forre un molde con ella.

Agregue la mezcla de manzana y cúbrala con otra capa de masa.

Cocine en el horno a 280º durante 10 minutos, luego reduzca la temperatura a 175º y cocine durante 25 minutos más.

Deja enfriar a temperatura ambiente. Y no olvide a su madre.

 

 

Esta nota está dedicada a los Doctores Héctor Panicalli y Gabriel Sánchez, excelentes psicoanalistas y auténticos foodies y a la Doctora Mariana Valenzuela, mi psiquiatra de cabecera, quiénes han realizado y realizan incesantes esfuerzos para cuidar de mi salud mental desde hace veinte años. Sin su abnegado esfuerzo seguramente mis neurosis me impedirían escribir estas notas y mis delirios paranoicos mantenerme dentro de los difusos límites de la cordura.

Emilio R. Moya

 

Yo, por mi parte, quiero dedicarla a mi analista el Ps. Alberto Basualdo, quién en un momento muy difícil de mi vida, supo ayudarme a superarlo y a enfrentar mis fantasmas.

Oscar Tarrío

 

Fuentes: “La cocina del Inconsciente”, “Las recetas del Dr. Sigmund Freud”, compilación de los Ingleses James Hillman y Charles Boer.

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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