¿CÓMO SE COCINA UNA AMISTAD?

UN ALIMENTO IRREEMPLAZABLE

 

 

Quizás uno de los espacios más habituales de encuentro de las personas, amigos, familiares, es una mesa. Lo que se suele poner sobre ésta varía según los gustos y las ocasiones. En muchos casos hay bebidas, como cerveza, vino, espumosos, whisky, ron o algún coctel. En otros casos se sirve comida o una combinación de licores y comida.

En estos encuentros se comparten anécdotas, chistes, bromas y opiniones sobre lo que ocurre en el mundo. Algunos de estos momentos, en los que el ánimo alcanza a estar particularmente elevado, se quedan grabados en nuestra memoria, hasta tal punto que terminan siendo motivo de evocación en los encuentros posteriores. A veces durante décadas.

Finalmente, debo decir que ha sido la cocina el lugar en el que innumerables anécdotas, aromas, sabores e historias han ido sazonando y cociendo lentamente las amistades más entrañables que tengo.

 

LA AMISTAD ES UN CORAZÓN QUE HABITA EN DOS ALMAS

 

 

No caben dudas cuando decimos que gozar de una alimentación saludable es fundamental, pero cuando hablamos de la especie humana, esta alimentación ha de complementarse con otro tipo de alimentos. Por ejemplo, el ser humano necesita ingerir alimentos en forma de amor, alimentos en forma de tiempo libre de calidad, alimentos en forma de viajes, celebraciones y, por descontado, alimentos con forma de buenas amistades.

El ser humano, como animal social que es, necesita sentirse acompañado en su camino por otros iguales. La amistad resulta pues, un alimento tan indispensable como la fruta, las verduras o un elemento tan fundamental como el agua para nuestro organismo.

 

 

Las personas nos alimentamos profundamente de relaciones significativas, de esas que caminan a nuestro lado compartiendo todo lo bueno para hacerlo aún mejor y, lo menos bueno, para convertirlo en algo mucho más liviano.

 

 

LA AMISTAD MULTIPLICA LAS ALEGRÍAS Y DIVIDE LAS ANGUSTIAS

 

 

Siempre es un buen momento para compartir con amigos. No sólo es un buen momento, sino que siempre resulta necesario hacerlo. A diario intento buscar esos huecos en mi vida que me permitan dedicar un té, un café y algunas reflexiones con mis amigos. Tenemos tiempo más que de sobra para dedicarle a todo aquello que nos importa y nos hace bien, en este caso, a una verdadera y buena amistad. Y es que, no hay nada mejor que sentarse al abrigo de una mirada de esas que te conocen como te conoce un amigo de verdad. Nada mejor que el abrazo de las palabras de alguien que te quiere como lo hace un amigo de verdad. Pocas cosas hay que superen el saberse atendido, escuchado y entendido por alguien que te conoce como lo hace un amigo de verdad. Con un amigo de verdad a nuestro lado, uno se siente en casa.

 

NO EXISTEN EXCUSAS CUANDO DE VERDAD SE QUIERE A ALGUIEN.

 

 

Tener una alimentación saludable y completa con amigos de verdad dice mucho más de nosotros también de lo que podemos imaginar. Alimentarnos de la compañía de amigos y ser alimento también para sus vidas indica que nosotros somos igualmente saludables, somos amor, somos buena compañía y significamos hogar. Lo mejor de todo esto es que la fuente de alimento y amor llamada amistad es inagotable. El cariño sincero que brinda una amistad nunca se acaba, es incondicional y nos hace ver partes de nosotros que no conoceríamos sin esos espejos maravillosos llamados amigos, donde podemos mirarnos a diario.

 

 

Por todo ello, aliméntate de la amistad, aliméntate de buenos momentos, aliméntate de risas compartidas, de penas en compañía, de momentos irrepetibles y de abrazos irreemplazables.

 

LOS EMBLEMAS DE PABLO NERUDA

 

 

AMISTAD, FRATERNIDAD Y COMIDA

 

 

El sentido de la amistad de Neruda tiene su origen en la hospitalidad de la gente del sur donde pasó su infancia. Cuentan que cuando su padre no tenía a nadie que lo acompañara en la hora del almuerzo, salía a la puerta de calle para invitar al primero que pasara. Para Neruda el espacio más básico de la fraternidad era aquel donde se compartía  la comida y la bebida.

 

COMEDOR DE NERUDA EN SU CASA DE SANTIAGO

 

En su poema “El gran mantel”, del libro Estravagario , imagina una mesa de dimensiones planetarias, donde la justicia pasaba por asegurarle a cada hombre y mujer un lugar en esa mesa:

 

Sentémonos pronto a comer / con todos los que no han comido, /pongamos los largos manteles, / la sal en los lagos del mundo, /panaderías planetarias, /mesas con fresas en la nieve, / y un plato como la luna / en donde todos almorcemos.

Por ahora no pido más  / que la justicia del almuerzo.

 

ESCUCHAR LA POESÍA

 

SUS NOMBRES EN LAS VIGAS

 

 

Uno de sus amigos fue Rafael Plaza Hernández, más conocido como Rafita. A quien Neruda le dio el título de poeta de la carpintería. El escritor José Miguel Varas recogió el siguiente testimonio de Rafita:

“Yo le trabajé mucho a don Pablo en las tres casas. Lo más bonito fue cuando él puso en el bar de la casa los nombres de sus amigos muertos. Él fue escribiendo con tiza en las vigas: Rocco del Campo, uno que le decían Ratón Agudo, Miguel Hernández,  Paul Eluard,  Aliro Oyarzún… y yo encaramado iba de atrás labrando con el escolpo los nombres que él había escrito… Alberto Rojas Giménez, la Elsa Triolet… don Pablo tenía toda la cabeza llena de viruta y yo por lo consiguiente”.

Ese fue un acto ritual en el que Neruda fijó los nombres de sus amigos muertos en el bar de su casa de Isla Negra. En su poema «Los nombres» pregunta:

Por qué se fueron tan pronto? Sus nombres no resbalarán / de las vigas. Cada uno de ellos fue una victoria. Juntos /fueron para mí toda la luz. / Ahora, una pequeña antología de mis dolores.

 

UN CUENTO  DE GATOS Y RATONES

 

 

Los ratones y los gatos no pueden ser amigos ¿o sí? Elegí para cerrar esta nota, a Azucena Zarzuela, periodista y escritora, que nos cuenta este cuento con moraleja para niños. Un cuento sobre la amistad sin barreras y las falsas apariencias.

“El señor Ratón Bigotes era nuevo en el pueblo. Acababa de llegar y no conocía a nadie. Limpió su nueva casita y colocó en las estanterías los libros que había ido comprando en sus numerosos viajes por todo el mundo. Había sido de joven un ratón de biblioteca y ahora quería retirarse en un pequeño pueblo para escribir un cuento con todas sus aventuras.

A la semana de su llegada recibió una invitación del señor Gato Garras para cenar el próximo sábado. El señor Ratón Bigotes se puso muy contento y quiso comprarle un regalo al que iba a ser su anfitrión. En la tienda de la señora Pata Pico compró un buen vino y mucho chocolate para el postre. Pero ésta le asustó.

– El señor Gato Garras siempre tiene muy malas pulgas. Es malhumorado y además los gatos siempre han perseguido a los ratones para comérselos -, le recordó al señor Ratón Bigotes.

– A lo mejor sólo quiere que seamos amigos -, respondió éste.

Por la tarde, antes de la hora de la cita de la cena con el señor Gato Garras, salió a dar un paseo y a jugar un poco en el parque. Fue entonces cuando sintió como todos los animales le miraban preocupados por haber aceptado la invitación. Les escuchaba murmurar. Al señor Perro Pezuñas le oyó decir que “seguro que le hace daño” y a la señora Paloma Parda que “acabará llorando”.

Empezó a preocuparse. Pero cuando llegó a la casa del señor Gato Garras, éste le recibió con una gran sonrisa. Había preparado un menú con el queso como gran protagonista, porque sabía que a los ratones les gusta mucho.

 

 

Durante la cena se rieron mucho, contaron chistes y cantaron muchas canciones. Acabaron bailando toda la noche. El señor Ratón Bigotes había encontrado un gran amigo en el señor Gato Garras, y estaba muy contento de haber sido valiente y no haber juzgado al señor Gato Garras sin haberle conocido, porque muchas veces las apariencias engañan”.

 

 

 

Emilio R. Moya

 

Fuentes: cultura.fundacionneruda.org, aroafernandez.com, guiadelacocina.com, guiainfantil.com

 

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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