UN BRINDIS POR EL VINO

UN BRINDIS POR EL VINO

Estimados enófilos: la palabra enófilo proviene del griego (oinos – vino- y filos – amor-) y se utiliza habitualmente para designar a los amantes de los buenos vinos.

Pero se trata de una definición mezquina, ya que no cualquier amante del vino, es un verdadero enófilo. Aristóteles en su Ética a Nicómaco –su propio hijo- nos cuenta que el bien supremo para todos los hombres es la felicidad. Y que la mejor forma de alcanzarla es una vida virtuosa. Pero a diferencia de la ética judeo-cristiana que opone a cada virtud un vicio, el filósofo griego postula que cada virtud se encuentra en el justo medio entre dos vicios: uno por exceso y otro por defecto. Así, por ejemplo, la valentía se encuentra justo en el medio entre la cobardía y la temeridad.

Siguiendo a Aristóteles podemos afirmar que un abstemio – enofóbico para los griegos- es tan vicioso como un borracho –enomaníaco en la vieja lengua-. Mientras que el enófilo, a mitad de camino entre ambos es el verdadero virtuoso. Y que sería entonces un “enófilo”: ni más ni menos que un buen bebedor. Aquel que hace un culto de la felicidad de compartir el vino, de saborearlo, de disfrutarlo, sin caer en el exceso ni en la abstinencia.

Amar simplemente al vino no constituye la esencia del enófilo. Encontrar la felicidad entre amigos, compartiendo una copa, descorchando una etiqueta preciada para hacerle su merecido homenaje al espíritu del vino, es lo que hace que podamos reconocer a un verdadero enófilo. Para todos ellos es que hacemos esta página web. Y esperamos que lo disfruten. Así que por favor: abstemios abstenerse que es lo que les es propio.

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Editorial Diario La Capital

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